viernes, 25 de junio de 2010

Teología de la violencia en Nicaragua

Teología de la violencia en Nicaragua


Guillermo Gómez Santibáñez


…hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y gente violenta intenta arrebatarlo…

Mt. 11:12


La sociedad nicaragüense se ha visto atrapada, en los últimos meses, en una suerte de torbellino político, que ha agitado los vientos de la clase política y de los universitarios, elevando los niveles de violencia y agresividad, al punto que su expresión más bárbara se vio reflejada, semanas atrás, en la paliza de un estudiante de la UNAN, que quedó tendido, en media calle, a vista y paciencia de todos los actores de la manifestación estudiantil.


La violencia, en su definición más simple, no es más que el uso abierto u oculto de la fuerza, con el fin de obtener de un individuo o grupo, social, económico, político, cultural, familiar, algo en lo que éste no quiere consentir libremente. No es más que el uso de la fuerza de unas personas contra otra con fines particulares. En otras palabras, la violencia no es más que el uso de la fuerza-conflicto para resolver un conflicto de un modo injusto, es la razón de la violencia negativa que coacciona, viola e impone su propia razón y su voluntad egoísta.


Analizar esta problemática social, no resulta tan fácil a veces, sobre todo en Nicaragua, que cuando agita sus vientos políticos se pone tan violenta e indomable. Tampoco quiero ahondar en ninguna teoría del conflicto o de la violencia en particular, sino simplemente esbozar algunas ideas, a manera de reflexión, que pueda servirnos a todos, tanto a políticos, intelectuales, religiosos, comunicadores, artistas, obreros, empresarios, estudiantes, militares, campesinos, pobladores, etc. , para acercarnos a un punto de convergencia y diálogo, que haga posible, con la participación de las amplias mayorías, la transformación de nuestros conflictos en acciones constructivas y saquemos adelante la otra Nicaragua que todos deseamos.


Situemos ahora nuestra reflexión en el siguiente marco: existe controversia entre los exégetas respecto si el texto del evangelio de Mateo 11:12, citado más arriba, es un reproche o un elogio de la violencia por parte de Jesús. Sin embargo, ha surgido un consenso entre los biblistas donde se afirma que el sentido de este verso en el evangelio es que “entrarán en el reino de Dios los que de verdad lo quieran y lo fuercen”.


Pero ¿cómo entender esto si tradicionalmente se ha enseñado en el evangelio que Jesús se opone a la violencia y por el contrario proclama la paz? ¿Cómo conciliar, por una parte, la violencia de Jesús expresada en la expulsión de los vendedores del templo y la de su donación sacrificial, como relata el capítulo 53 del profeta Isaías, cuando describe que “como una oveja fue sin protesta delante de sus trasquiladores”? Pareciera que en un momento Jesús se presenta como un profeta violento, que vela por la justicia, y en otro, como un maestro de la no-violencia, resignado.


En Jesús no vemos una postura polarizada; la del profeta violento, o la de una víctima no- violenta, en él están presente ambas cosas. Sin embargo, esta afirmación nos presenta cierta complicación, porque vemos un doble rostro en Jesús que revela una imagen confusa y compleja; la imagen violenta que sería de este mundo y la no-violenta que sería del cielo. Esta ambigüedad llevó, a que durante el siglo III, los padres de la Iglesia se negaran a defender el Imperio Romano contra los bárbaros porque rechazaban empuñar las armas, pero no se negaban a vivir en él. Este dualismo de responsabilidades éticas no ha ayudado mucho a los cristianos, quienes, a lo largo de su historia han evadido sus compromisos sociales, o han radicalizado sus posiciones políticas; por eso es mejor volver a la imagen de Jesús como el profeta violento, que no soporta las injusticias, pero también la del que asume su pasión como un sacrificio, sin ánimo de destruir a los demás.


Precisemos un poco más esto: Cuando hacemos uso de la palabra “violencia” y nos enfrentamos a la acción que le corresponde, constatamos en ella un sentido doble, una ambigüedad, es decir, un lado positivo y otro negativo. En su lado negativo, la violencia tiene como acción el uso de la fuerza contra otras personas, obligándolas a actuar contra su voluntad, violando así su libertad para decidir. La violencia, de este modo, se identifica con la coacción, que es una forma de violación a la dignidad de la persona.


Pero en su sentido positivo, la etimología de la palabra “violencia” tiene en su raíz latina la noción de “vita” (vida) que transmite la idea de querer vivir, es decir, que se quiere algo, pero con mucha fuerza; que no basta con decirlo, sino que se quiere realizar por propia voluntad incitando a los demás a que igual lo hagan. Es lo que hacía Jesús cuando animaba a sus discípulos, a usar la violencia, no para destruir, sino para construir.


En ambos sentidos, la violencia, de partida, conlleva la agresión que destruye o aniquila al otro, pero también la virtud de la fortaleza que impulsa a la conquista de grandes sueños o al logro de metas trascendentales. Quizás algunos digan: “Yo estoy a favor de la violencia” como medio de conseguir lo que quiero, a costa de la destrucción del otro, o también digan otros: “Me opongo a la violencia” como método para conseguir la paz, resignándome a no conseguir nada.


Hay por lo tanto un lado positivo de la violencia, que sin ser destructiva, nos puede conducir a transformaciones políticas y sociales y a grandes conquistas y a lograr sueños. Sobre esto tenemos ejemplos extraordinarios en Gandhi y en Martin Luther King, que promovieron la no-violencia activa como un método de lucha.


Aunque nos resulte extraño al oído y a nuestra compresión, en la violencia, no sólo está presente el pecado de la coacción, sino también la virtud de la fortaleza. La violencia negativa es destructiva, y para conquistar debe pasar necesariamente por la violación de los demás. En cambio, la violencia positiva, que asume la posición de la esperanza, quiere construir, quiere realizar sueños de libertad; es la palabra convertida en acto.


La violencia tiene un lado destructivo y un lado creador; en Jesús, la violencia es usada no para destruir, no para ir en contra de la vida, sino contra los sistemas opresores y las estructuras injustas, a fin de transformar el curso de los hechos. Así lo vemos con los mercaderes del templo (Lc. 19:45-46), con el endemoniado de Gadara (Mc. 5: 1-20), con la mujer que traen a Jesús para ser apedreada (Jn. 8:1-11) con la mujer Samarita junto al pozo de Jacob (Jn. 4:1-42). La violencia de Jesús provoca transformaciones radicales en estas experiencias de vida, precisamente porque el trasfondo del drama humano lo genera la violencia negativa, que destruye la vida y la dignidad de las personas. Las estructuras sociales y sus sistemas culturales ejercen una atroz violencia sobre la sociedad que destruye la paz, manipula la justicia y quebranta las relaciones humanas, por eso la violencia de Jesús es liberadora y restaurativa. Su Evangelio, brota de los días después de la violencia de la cual él fue víctima, por eso no puede devolver mal por mal, porque en el corazón de su palabra no está el odio ni la venganza, sino la franqueza de volverse a ver, verse a la cara, reconciliarse, perdonarse y regalarse el don de la paz.


Somos capaces del diálogo y la concertación porque como país lo hemos demostrado históricamente en actos concretos, donde el beneficiado mayor ha sido el pueblo. Reconozcamos nuestras fortalezas y debilidades, hagamos memoria del camino andado y construyamos juntos, sin exclusiones, sin ambiciones personales y con solidaridad, un futuro donde quepa Nicaragua, bajo el gran arco iris con los colores de la paz, la justicia, la verdad, la reconciliación, el perdón, la democracia y la solidaridad.

2 comentarios:

Naliz dijo...

Felicitaciones profesor por lo que escribe, le sugiero abra su cuenta en
facebook y comparta con todos los usuarios de esa red social sus pensamientos!! Espero me de la Cultura de Paz este semestre!!

EVELYN GOMEZ dijo...

MUY IMPORTANTE EL TEMA :TEOLOGIA DE VIOLENCIA EN NICARAGUA,ES UN TEMA ACTUAL ,DEBERIA DIFUNDIRSE EN OTROS ESPACIOS DE COMUNICACION Y CONFERENCIAS.


EVELYN G.