Director del Centro Interuniversitario de Estudios Latinoamericanos y Caribeños CIELAC/UPOLI
Profesor de Filosofía, Universidad Politécnica de Nicaragua
Cuestión introductoria
Quiero comenzar diciendo que para poder entender la época actual y el lugar que ocupa el ser humanos en las actuales circunstancias, debemos saber que el mundo que habitamos es un mundo global, muy distinto al que fue hace treinta años.
Vivimos un tiempo de mutación tan vertiginoso y cambiante que cuando nos estabilicemos será para ver un nuevo periodo de desarrollo.
Lo que caracteriza este momento actual es la incertidumbre y la inestabilidad y frente a este periodo caótico podemos visualizar el impacto de tres revoluciones, (Ramonet, 1997) que a su vez interpelan tres aspectos de nuestra realidad:
1.La revolución tecnológica o cerebrización. Se caracteriza por la transferencia de funciones del cerebro con su impacto en la industria, el intelecto y el servicio. Pero también tiene los efectos en ladigitalización generalizada que hace posible que el texto, la imagen y el sonido se exprese en impulsos electicos a la velocidad de la luz.
2.La revolución económica. Impulsada por un economía inmaterial y financiarización caracterizada por intercambio, ventas y comercio de valores y de monedas que ha dado paso a la economía financiera 50 vecessuperior a la economía real. La economía inmaterial incluye a las comunicaciones, la información y la cultura. Esta revolución ha producido la globalización de la economía y ha transformado los conceptos políticos y sociales.
3.La revolución sociológica. Esto significa que la sociedad ha cambiado su concepto de poder en el que se basaban las estructuras de lasociedad tradicional. ¿Dónde está hoy el poder? El poder que ha sido jerárquico, vertical y autoritario, funciona hoy día bajo un sistema de red, como una telaraña, y se basa en el consenso en la sinergia.
Esta realidad que estamos viviendo ha cambiado nuestra cartografía mental y ha perturbado el sistema de referencia que cada uno de nosotros tiene.
Otros cambios que nos ha impactado son el trastoque de los paradigmas (modelo general de pensamiento que nos permite estructurar los diferentes aspectos de la realidad).
Dos paradigmas en cambio:
Las sociedades surgidas de la revolución industrial se sostenían en dos pilares:
a)La ida de progreso (destinadas a civilizar a las sociedades y combatir la violencia )
b)La cohesión social
El paradigma de la comunicación y el paradigma del mercado son los que están sustituyendo ahora el paradigma del progreso y de la cohesión social.
El nuevo sistema es el PPII, que equivale a permanente, planetario, inmediato e inmaterial.
El cambio de paradigma también ha traído una visión diferente del hombre. Pereciera que las sociedades modernas han producido una suerte de hombre light, descartable como tantos productos reciclables.
¿Cómo es este hombre light? Bien informado, con poca educación humana, extremadamente pragmático, todo le interesa pero de manera superficial, no es capaz de hacer la síntesis de aquello que percibe, ni pensar la realidad para dar cuenta de ella como un sujeto histórico, es trivial, frívolo y sin criterios sólidos en su conducta. En él todo es eterio, volátil, banal y licencioso. Parece dominar ciertas técnicas con destreza pero sin capacidad reflexiva, se percibe en él un gran vacío existencial, sin horizontes ni ideales. Ha dado grandes saltos hacia el progreso científico y tecnológico pero posee un pensamiento débil y convicciones poco profundas. (Rojas, 1992)
Este hombre es planetario, globalizado, pero a la vez fragmentario. Sus características son:
a)El Materialismo. Un individuo tiene reconocimiento social por el hecho de acumular dinero.
b)El Hedonismo. Su código de comportamiento estás determinado por el placer.
c)La Permisividad. Los ideales y los mejores propósitos no son rectores de la conducta.
d)La Revolución sin fin y sin programa. La ética permisiva sustituye a la moral.
e)El Relativismo. Todo es relativo y todo lo determina la subjetividad.
f)El Consumismo. Es la fórmula de la libertad.
La noción de Ética.
La Ética (temperamento, carácter, hábito, modo de ser) la podemos definir como teoría de los hábitos y las costumbre. Otra definición sería el estudio filosófico-práctico de la conducta humana.
La ética es una rama de la filosofía, se elabora con una metodología y tiene una finalidad práctica cuyo objeto es la conducta humana; es decir, la comprensión del territorio cultural llamado moral. En otras palabras, la ética es la encargada de estudiar o reflexionar sobre la moral.
El hombre es un ser ético, por cuanto tiene la facultad de discernir entre lo bueno y lo malo, dándole a sus actos una dimensión moral. Esto no quiere decir que su ethos1, es decir el conjunto dehábitos y maneras de ser, sean innatos en él, sino que es una serie de costumbres adquiridas, una conquista a lo largo de la vida. Podríamos decir que el ethos es una especie de segunda naturaleza y de las cuales el hombre se apropia. (Escobar, 1995)
Aristóteles distinguía las virtudes ética o morales de las virtudes dianoéticas o intelectuales. Las primeras se originan por una repetición de actos y costumbres.
Las virtudes no nacen en nosotros ni por naturaleza ni contrariamente a la naturaleza, sino que siendo nosotros naturalmente capaces de recibirlas, las perfeccionamos en nosotros por la costumbre (Aristóteles: Ética nicomaquea)
Las segundas, es decir, virtudes intelectuales o dianoéticas, se fundan en una comprensión racional de la conducta.
Lo ético comprende, ante todo, las disipaciones del hombre en la vida, su carácter, sus costumbres y naturalmente la moral (Aranguren, 1958)
Delimitación del campo de la Ética
Toda ciencia tiene su objeto de estudio y en el caso de la ética, su objeto de estudio es la moral; entendida esta como el conjunto de normas y de los actos de conducta consientes y libres (Chávez, 2001).
Sin embargo, es preciso que distingamos, a fin de no confundirlos, los problemas morales de los éticos. Los problemas morales se circunscriben al orden individual y normativo, es decir, cuando es preciso discutir la aplicación correcta de una norma.
Ejemplo: ¿Es reprobable la actitud de alguien pobre, que se queda con el dinero de más que le han dado luego de una transacción en un banco, siendo el banco un lugar que maneja millones de pesos?
Los problemas éticos se circunscriben al orden de la reflexión filosófica sobre el comportamiento moral del hombre en sociedad y por eso son universales.
Ejemplo: ¿Cuál es la esencia de la moralidad?
La ética es la ciencia que estudia la moral del hombre en sociedad y por lo tanto necesita de la moral para explicarla, para formular sus teorías y sacar sus conclusiones.
Los problemas de los que se ocupa la Ética
Existe un consenso entre los filósofos de la moral que los problemas principales de los cuales se ocupa la Ética son;
1.La esencia del acto moral
2.La obligatoriedad moral
3.La valoración moral
Respecto al primero debemos decir que tiene que ver con la pregunta ¿Cómo podemos afirmar que un acto es moral o inmoral? El sujeto de lo moral y de lo inmoral es la voluntad libre, un acto es moral si es consciente y libre, es decir, si un acto humano está dominado o consentido por lavoluntad. Podemos ver la explosión de un volcán o ser víctimas de un maremoto, o quizás del asesinato de un presidente. De los dos primeros hechos mencionados, somos neutrales porque obedecen a leyes naturales y sobre los tales no hay aprobación ni desaprobación. Del tercero sí, de él podemos emitir un juicio de valor porque nos pronunciamos sobre la bondad o maldad de un acto moral (Rodríguez, 1998). De aquí entonces que la Ética es una ciencia que se ocupa sólo de las accione libres, o sea, de las que el hombre es dueño de hacer u omitir. Se excluyen del objeto de la Ética los procesos y movimientos que no son libres, es decir que no son sujetos del conocimiento y de la voluntad, como por ejemplo el desarrollo físico, el reflejo del brazo que recibe por accidente una quemadura etc. La Ética llama actos humanos a los que se originan en la voluntad deliberada y que el hombre ejerce a través de la razón práctica y de la voluntad. Las acciones no libres son llamadas simplemente actos del hombre. (Rodríguez, 2001).
El segundo aspecto, que se relaciona con la obligatoriedad moral, hace referencia al fundamento y alcance de las normas morales. La moral tiene dos aspectos:
a)Un plano normativo. Señala el deber ser de las acciones humana, no tal cual son sino como deberían ser. Toda norma indica una orden, manda como uno debe comportarse. Este plano normativo origina estrictamente lo que denomina moral.
b)Un plano fáctico. Donde la moral se realiza, es el plano de los hechos, de los actos concretos que se realizan conforme a las normas establecidas. El plano fáctico origina lo que se denomina moralidad, es decir los actos realizados conforme a la moral imperante, la moral hecha realidad, la forma cotidiana en que viven las normas. Aranguren le llama a esta ética, Ética utens o moral vivida y Ética docens a la ética reflexiva o académica.
El tercer aspecto es el de la valoración moral, y se refiere a la aplicación de un criterio objetivo para calificar los actos morales como buenos o malos. La ética es normativa en un sentido indirecto, es decir, no incurre en una prescriptiva, sino en juicios de valor. De acuerdo a Máynez: “La Ética es, o puede ser normativa en cuanto que, al llevar a la conciencia del hombre las directrices que han de orientar su conducta, influye en las decisiones de su albedrío, convirtiéndose, de manera mediata, en factor determinante de de la acción humana” (1960).
La valoración tiene que ver con atribuir un valor a una acción humana determinada y en el cual la voluntad aprueba o reprueba. El problema de valoración moral nos plantea la cuestión fundamental de ¿Qué es lo bueno? Para luego conducirnos a diversas tentativas de solución orientadas a una concepción de la de la esencia de lo bueno.
1.Esta palabra que significa temperamento, carácter, hábito, modo de ser, se encuentra en el filósofo griego Zenón de Citio, cuyo significado es la fuente de vida, de la manan los actos singulares.
Bibliografía
1.Rojas, Enríquez, El Hombre Light. Editorial Planeta, Chile 1992
2.Fullat, Octavio. Ferrer, Gemma. La moral como problema, Edit. Vicens, Vives. España 1994
Desde la conversión de Constantino I, Emperador romano del siglo III, la Iglesia cristiana gozará en delante de los privilegios del poder, pero también sufrirá la tragedia de sus tentaciones.
Constantino, quien tendrá una milagrosa conversión a la fe cristiana, decretará en el llamado Edicto de Milán (en latín: edictum Mediolanenses) la libertad de culto, dando paso, luego de persecuciones y martirios, a lo que los historiadores cristianos llamarían la paz de la Iglesia, circunstancias en que el cristianismo podrá posesionarse como religión oficial del Imperio, cuando más del 10% profesaban ya la fe cristiana.
Los evangelios sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas, excepto Juan) narran el episodio de Jesús cuando en su tiempo de retiro se enfrenta al tentador en el desierto, poniendo a prueba su divinidad. El sentido teológico del relato es poner las tentaciones, de acuerdo con la tradición deuteronomista, como tentaciones contra el amor de Dios, frente a la riqueza, a la gloria y al poder humano. La lectura teológica de este episodio nos lleva a sus consecuencias eclesiológicas en la que la Iglesia, como una institución humana y divina, no puede evitar las luchas espirituales, y en su misión divina tiene que enfrentar, inevitablemente, la soberbia, muy propia de la naturaleza humana, sin claudicar en su fidelidad a Dios, ni en su misión de anunciar a Cristo para salvación del mundo.
Por su naturaleza profética y sacerdotal, la Iglesia, como una institución histórica, ha tenido siempre que lidiar con el poder ad-intra y ad-extra. Desde su mismo origen, en el seno del judaísmo, emergen, en tanto comunidad cristiana de Jerusalén, dos visiones eclesiológicas, y dos lecturas teológicas en conflicto. En torno a los aspectos administrativos del ministerio y su acción caritativa con los más pobres, la Iglesia deberá tomar decisiones consensuadas que finalmente, y bajo estrictos criterios eclesiales, se pondrán en consulta con los Apóstoles.
Será el mismo San Lucas, cual historiador del Espíritu, y siguiendo el estilo literario de los historiadores antiguos como Herodoto, Tucícides, Tito Livio y Flavio Josefo, el que relatará, de manera magistral en los “Hechos de los Apóstoles”, su historia de la Iglesia en los primeros sesenta años. En las páginas de su obra histórico-teológica, San Lucas pone en evidencia las virtudes y debilidades de la Iglesia; no ocultando ni disfrazando los conflictos en el seno de ella. En el capítulo 6, l-6 se deja ver la alteridad de diferencia y de relación con la composición de una primera comunidad caracterizada por la diversidad.
Hebreos y helenistas, ambos, judíos residentes de Jerusalén y naturales de la diáspora, no pueden evitar el riesgo de reproducir los mismos pecados sociales, descuidando los derechos de los más débiles y privilegiando a los poderosos. Esta ha sido una tentación de la Iglesia, la de seguir las corrientes, tendencias y mentalidad del mundo, pero también la seducción de conducirse en las relaciones humanas tipificadas dentro del orden sociológico y cultural. La Iglesia es puesta a prueba en su caridad y espíritu comunitario bajo el desafío de compartir su fe sin distingo de ninguna especie. En el relato de Lucas antes citado; más allá de la ocasión que generó el conflicto interno, ya sea una cuestión pastoral-práctica de distribución justa de las ayudas a los pobres, o un aspecto más teológico, respecto a dos concepciones sobre la relación con Dios (las ideas helenista y el pensamiento oficial del judaísmo), la iglesia cristiana primitiva se vio enfrentada con el problema del conflicto, que surgió de la diversidad y de la concepción de Dios en la medida que esta fue creciendo y extendiendo sus fronteras. La misión en Jerusalén, en Judea y en Samaria, bajo la figura central de Pedro y la misión a los confines de la tierra, bajo la figura emblemática de Pablo, revelan, según el relato lucano, la riqueza carismática de la Iglesia y su extraordinaria capacidad de concordia frente a la diversidad y discrepancia.
El actual panorama social y político que vive Nicaragua, y en el que se hacen importantes esfuerzos, a diferentes niveles, por mejorar las condiciones de desigualdad y exclusión, la Iglesia tiene como misión fundamental contribuir en este proceso con su palabra reconciliadora y pacificadora. Los partidos políticos trabajan en función de la conquista del poder y ese es su principal objetivo; la Iglesia no tiene como meta el control del poder político, sino, y como lo expresó el Papa Benedicto XI; al referirse a las Misiones: “la Iglesia no actúa para extender su poder o afirmar su dominio, sino para llevar a todos a Cristo, salvación del mundo”.
El Sumo Pontífice continuó diciendo: “Lo único que pedimos es ponernos al servicio de la humanidad, especialmente la que más sufre y la que está marginada, porque creemos que el esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo es sin duda alguna un servicio que se presenta a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad”.
Continúa el Papa: “la misión de la Iglesia es la de ‘contagiar’ de esperanza a todos los pueblos. Para esto Cristo llama, justifica, santifica y envía a sus discípulos a anunciar el Reino de Dios, para que todas las naciones lleguen a ser Pueblo de Dios”…Deseo confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los hombres constituye la misión esencial de la Iglesia”.
En el caso concreto de la Iglesia local en Nicaragua, continuadora del llamado de Cristo en la voz del Papa, no puede perder su autoridad espiritual y moral, frente a un pueblo, mayoritariamente empobrecido por estructuras de poder injustas y desiguales, sino que debe poner lo mejor de sí, para que con su palabra pastoral favorezca el diálogo de todos los sectores, denunciando las injusticias y la violencia, en todas sus manifestaciones, pero también reconociendo los logros donde haya que reconocerlos, porque el bienestar de los empobrecidos es frutos del bien común.
La civilización Occidental no ha reconocido su pecado de absolutismoy su incapacidad para distinguir las diferencias del “otro”. La presencia avasalladora del conquistador español en elllamado “nuevo mundo”, vino a significar, en todo el proceso del coloniaje cultural, extendido hasta nuestros días, que América sea negada y asesinada en nombre de la razón. La razón instrumental impuesta por Europa, como un logos de luz y civilización, vino a exorcizar el mito en la cultura ancestral de nuestros pueblos originarios, considerándolo “historia falsa”, o “fábula”, desconociendo que éste, en su función cosmogónica y antropogónica instauradora, constituía la síntesis desu experiencia y sabiduría, a la vez que el fundamento primordial de la historia en “nuestra América”.
Los nuevos escenarios
Existe un consenso entre los cientistas sociales en que la década del noventa abre un tiempo histórico para América Latina, cuando a partir de nuevos y complejos escenarios políticos, económicos y sociales, se produce la emergencia de nuevos movimientos sociales, entre los cuales se encuentran, como actores políticos relevantes, los movimientos indígenas (Dávalos, 2005:17)
El año 1992 es clave, porque a partir de los actos conmemorativos del V centenario del encuentro de dos culturas; se abrirán nuevos debates y se desarrollarán nuevas epistemologías de América Latina. Desde esta perspectiva, se revisará, de manera crítica, la conquista española y se revalorizarán, desde su peso específico, las contribuciones aportadas por las culturas nativas oprimidas y olvidadas; pero también no se dejará deexaltar la cultura española buscando en los procesos de mestizaje la identidad latinoamericana1.
El logo eurocéntrico versus el logo seminal indígena
Las teorías universalistas del desarrollo, (Larrían, 1996:55-57) influidas por la Ilustración, han tendido a concepciones distintas de la identidad cultural, poniendo énfasis, por un lado, en una idea de la historia como progreso teleológico y unilineal, es decir, como una serie de etapas que todos deben seguir. Por otro lado, la visión historicista concibe la historia de manera discontinua y segmentada sin una dirección universal.
Desde estas versiones universalistas el “otro” cultural se construye bajo dos peligros implícitos. Por un lado, la perspectiva universalista ve al “otro” como sujeto racional europeo que bajo un patrón general reduce las identidades culturales a simples manifestaciones de un proceso histórico universal y hace desaparecer al “otro” en cuanto distinto. Y por otro lado, la perspectiva historicista puede destacar las diferencias con el “otro”, pero el énfasis en la diferencia y la discontinuidad reducen al “otro” a algo inferior2
Colón fue hijo de su tiempo, un mediterráneo que en su largo contacto con los lusitanos y españoles le dio su espíritu de Cruzada y su carácter de caballero cristiano medieval. Sus viajes eran la continuidad de las luchas en la cristiandad medieval contra el Islam, incluyendo la conversión de los infieles y un buen botín. En su diario de abordo Colón menciona la Europa cristiana, el Medio Oriente en el África islámica, y el lejano oriente con el Khan; América está fuera de la historia, no es mencionada. El Almirante Colón murió con la insistencia de haber llegado al Asia, y como signo de una muerte martirial pidió ser sepultado con sus cadenas. Nunca tuvo plena conciencia de haber descubierto América, al “otro”-indígena.
El escritor cubano Alejo Carpentier, en su novela: El siglo de las luces3 ilustra muy bien el impacto cultural de Europa sobre las tierras de conquista cuando empieza su relato sobre un barco que trae las ideas de la Ilustración, las ideas de la razón humana. El barco que trae las luces de la modernidad, tiene en la proa una máquina que llama la atención. Es la guillotina. La ilustración trajo la luz de la razón, pero junto con la modernidad vino la muerte de muchos.
Cuando Pizarro desembarcó en el Ecuador en 1532 para iniciar su proceso de conquista, vivían en el Imperio Inca alrededor de siete millones de personas. Unos treinta años más tarde la población había sido literalmente “sacrificada” llegando tan sólo a unos setecientos habitantes. John Murra sostiene una tesis interesante sobre este genocidio y que subyace a las causas tradicionales de muerte por conquista, epidemias y trabajo forzado. La apropiación del hábitat organizada por los pueblos aborígenes se sostenía en la multiplicidad y variedad de los pisos ecológicos lo que permitía que las comunidades tuvieran acceso a recursos complementarios de subsistencia4. La irrupción del conquistador peninsular transformóel sistema social y económico de los indígenas apropiándose de las tierras y dividiéndolas en grandes propiedades: agrarias, comunales, ejidales, tierras de capellanías y realengas etc. La población nativa fue confinada a reductos que les impidió acceder a la diversidad indispensable para la sobrevivencia. Al destruir la economía básica del ecosistema, con el propósito de maximizar la explotación de placeres auríferos, los españoles sentaron las bases estructurales para el progresivo empobrecimiento de la culturización y muerte de la población nativa.
Los griegos en la Paideiay los latinos en el Cultus Anima concebían la cultura como armonizarse o cultivar una naturaleza dada de ante mano. En cambio la modernidad consideró que la cultura nos independiza de la naturaleza animal para configurar lo humano. De lo que se trataba era de superar el “animalitas” para ascender al “humanitas”. La cultura moderna; que estaba presente de algún modo en la cosmovisión de los conquistadores españoles, era el cultivo de la espiritualidad humana. Cultura vino a ser sinónimo de humanización. La tradición ilustrada representada en Voltaire y Kant, insistía en la noción de universalidad de la cultura, en donde razón y naturaleza era igual para todos los hombres, por lo tanto, concebía los procesos históricos como continuidad. La síntesis de esto daba como resultado la valoración de que cultura es una, única y universal: que las artes, las ciencias y los libros son la forma más alta de cultura y que la cultura ilustrada europea conforma un tipo de cultura avanzada, civilizada o superior. Finalmente que el progreso cultural se mide con los parámetros de la civilización europea. .
En el ámbito latinoamericano son muchos los estudios y las teorías que han surgido al respecto; desde una crítica profunda acerca de su identidad cultural, y que van desde la conquista hasta nuestros días. Se dejan ver en estos, sobretodo, agudos análisis críticos al racismo europeizante y al etnocentrismo de la modernidad, rescatando lo específico del pensamiento latinoamericano y su identidad cultural5; contra posiciones esencialistas y posmodernistas muy de moda.
¿Cómo se construyó la identidad latinoamericana? ¿Qué elementos contribuyeron a la formación de los primeros modelos culturales latinoamericanos?
La constitución y reconstitución de la identidad cultural latinoamericana y su evolución se dan por un proceso selectivo y continuo y tiene, en tanto construcción del “otro”, su propia especificidad por cuanto la conquista española no se guió por los principios de la ilustración como son la razón y el progreso. (Larraín, 1996:127-130)
El encuentro entre culturas fue arrojando síntesis que conformaron una matriz ibero indígena original. Este proceso fue asimétrico en relación a los indígenas sometidos. La cultura española tomaba ventaja ante la nativa por su base militar, económica y tecnológica.
Algunas hipótesis de trabajo pueden señalarnos al menos cuatro momentos de crisis que entran en juego frente a la pregunta por la identidad:
Conquista y colonización
Independencia y constitución de los Estado-Nación
Primera Guerra Mundial y la gran depresión
Crisis de la deuda y golpes militares
El desafío que se nos presenta es enorme, pues estamos frente a un determinado paradigma epistemológico, heredado por un “modelo de barbarie de Occidente” como el griego, el romano y el europeo, cuya racionalidad instrumental se gestó en la ilustración; focalizado en un modo de pensar y en un modo de ser propio. Nuestro imperativo es saber pensar y actuar desde nuestra compleja experiencia histórico-cultural para poder desocultar América y hallar su modo más auténtico de ser y la riqueza que ella puede aportar a la cultura occidental. Debemos asumir el reto de hablar de América como una civilización emergente no sólo desde sus utopías sino también desde sus distopías. Como señala Colombre, “no asumir nuestra diferencia en términos de un proyecto y como civilización es aceptar la servidumbre espiritual, renunciar al futuro”(Colombres, 2004:13-27). Se trata entonces no sólo de una “inversión de la mirada”, sino de un giro en nuestro estilo de pensar, y como consecuencia, en nuestro estilo de vivir. ¿Hasta dónde es posible este giro?, y ¿hasta dónde seremos capaces de conciliar dos racionalidades distintas que habitan América, es decir, la razón causal heredadas desde Europa y el logos seminal y resistente, propio de nuestros pueblos originarios? Este es nuestro mayor desafío y el camino que hay que andar.
Los retos
Lo que en algún momento pareció ser un problema superado respecto a la cuestión indígena en América Latina, los procesos de transformación social y política, que se desarrollaron en la década del 70, abrió viejas heridas los reductos indígenas, confinados a núcleos dispersos y categorizados dentro de los procesos de reforma agraria, salieron a la luz de nuevo bajo condiciones muy diferentes. Nuevas configuraciones sociales y políticas en la región, posesionaron a los movimientos indígenas como actores políticos emergentes y se asumieron como nuevos sujetos sociales cambiando su correlación de fuerzas, reforzando sus demandas ante los Estados.
Toda cultura es básicamente pluricultural, es decir, se constituye por el contacto de distintas comunidades de vida que aportan sus modos de pensar, sentir y actuar. Es sobre la base de estas experiencias culturales compartidas y asumidas que se produceel mestizaje. Las culturas no evolucionan de otro modo que no sea mediante el contacto y encuentro con otras culturas. Nace así la noción de interculturalidad, la que supone una relación respetuosa entre culturas. La pluriculturalidad caracteriza una situación, en cambio la interculturalidad describe una relación entre culturas. No hay interculturalidad sino hay una cultura común, compartida. La interculturalidad no es simplemente cultural, sino también política porque presupone una cultura compartida y diversa dentro de la idea posmoderna de estados plurinacionales, donde se crean formas de convivencia intercultural de manera específica. América Latina no sólo es contrastante en su geografía y climas, sino también diversa en sus culturas.
América Latina debe tomar conciencia de una vez que las civilizaciones indígenas configuran un importante punto de partida para rescatar la memoria histórica y ancestral. La alteridad indígena nos hace ubicarnos en un proceso histórico que da cuenta de más de diez mil años de importantes transformaciones en lastierra del Abaya-yala6 y el Tahuantansuyo7, muchos antes que los europeos se encontraran con nuestra culturas ancestrales. No se trata de indianizar América, sino incorporar al indígena al capital humano y verlo como un “otro-indígena”, no inferior, sino distinto al momento de tomar decisiones políticas. Se trata de apoyar su evolución propia, reafirmar su identidad cultural, y no de negarla, ni invisibilizarla.
1.Este artículo es parte de un ensayo presentado en el Diplomado de Política Latinoamericana de FLACSO/UCA en Nicaragua.
NOTAS
1.Los eventos del V centenario del encuentro de dos culturas, despertó, en diversos círculos intelectuales de América Latina, un nuevo interés por los Estudios Culturales y las cuestiones pendientes de la indianidad Latinoamericana. Esto incidió de manera significativa en la emergencia de movimientos indígenas y en una mayor beligerancia en la toma de decisiones política y la restitución de los derechos del “indio”.
2.El concepto del “otro” europeizante, para calificar al “indígena” en América Latina, tiene sentido en referencia al patrón de poder generado en la experiencia colonial, persistiendo en su reproducción y desarrollo, conservando sus mismos fundamentos de origen y de carácter colonial.
3.La novela de Carpentier narra la metáfora de la utopía moderna que a América llegan las ideas de la revolución, la emancipación y de la liberación como parte del proyecto civilizatorio.
4.Ver John Murra, Formación económica y política del mundo andino (Lima, Instituto de Estudios peruanos, 1974), pp 59-115.
5.A partir del siglo XIX se produce un giro importante en las Ciencias Sociales respecto a la palabra “cultura” y comienza a utilizarse en su forma plural “culturas”. Importante serán los estudios aportados por Clifford ysobre todo los de Taylor para quien la cultura, en su sentido etnográfico más general, vino a significar “el conocimiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualquier otro hábito o capacidad que el hombre adquiera en cuanto miembro de la sociedad”.
Abya –Yala; "tierra viva", "tierra madura", o "tierra en florecimiento" es el nombre dado al continente americano por las etnias kuna de Panamá y Colombia antes de la llegada de Cristóbal Colón y la invasión europea. Aparentemente, el nombre también fue adoptado por otras etnias americanas, como los antiguos mayas. Existen actualmente diferentes representantes de etnias indígenas que insisten en su uso para referirse al continente.
Los incas llamaban a su imperio Tihuantinsuyu, que significa "las cuatro partes del mundo" y que abarcaba los Andes, un territorio que incluía lo que hoy son Perú, Bolivia, Ecuador, el sur de Colombia y el norte de Chile y de Argentina. Su centro era Cuzco.
Bibliografía
Colombres, Adolfo. América como civilización emergente. Editorial Sudamericana, Buenos Aires 2004
_______________, La colonización cultural de la América Indígena. Ediciones del Sol, Buenos Aires 2004
Dávalos, Pablo.(Compilador) Pueblos Indígenas, Estado y Democracia. CLACSO-Libros, Buenos Aires Argentina 2005.
Larraín, Ibáñez Jorge. Modernidad: razón e identidad en América Latina. Editorial. Andrés Bello, Santiago de Chile, 1996
Murra, John. Formación económica y política del mundo andino (Lima, Instituto de Estudios peruanos, 1974
Los Pueblos indios como nuevos sujetos sociales en los Estados Latinoamericanos. Diego A. Iturralde. Revista Nueva Antropología, junio, año/vol XI, número 039 México. pp 27-40
jueves, 29 de julio de 2010
Ejes epistemológicos de los Estudios para la Paz
Guillermo Gómez Santibáñez Director del CIELAC
Las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las leyes; y el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la libertad.
Simón Bolívar
El positivismo científico y los Estudios para la Paz
La modernidad, que es expresión del proyecto y proceso civilizatorio de Europa, se inicia como práctica ya en el siglo XI, pero será hasta el siglo XVIII, que conformará una red de significaciones que se constituirán en un modo de ver la realidad, es decir, una cosmovisión integradora de la modernidad, donde la luz pura de la razón será el criterio de verificación de la verdad de hecho, que caracterizará a la época denominada: siglo de las luces o siglo de la Ilustración.
Gravitante serán en el discurso de la Ilustración los hallazgos filosóficos de emblemáticos pensadores como el del francés, René Descartes (1596-1650) que dirá que nada puede agregarse a la luz pura de la razón que de algún modo no la obscurezca, y la del alemán, Emmanuel Kant (1724-1804) quien sostendrá que la libertad es autónoma para darse sus imperativos categóricos y sus imperativos hipotéticos y que sólo la capacidad del hombre de establecer sus propias normas lo hará feliz. Sólo lo mostrado por su razón y libertad puede lograr ese cometido.
La revolución francesa (1789) es otro factor que aportará elementos, y de manera sustantiva, a los ideales de la Ilustración y por consecuencia a la modernidad. Bajo el lema: Libertad, Igualdad y Fraternidad, Francia iniciará el ensayo de una monarquía constitucional que pondrá fin al viejo orden existente e inaugurará un nuevo régimen norteado por los principios teóricos generales y la promulgación de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (27 de agosto de 1789).
El panorama general del proyecto de la modernidad se suscribe y entreteje a un horizonte de sentido, que como vino nuevo en odres viejos, retomó y redimensionó ideales anteriores para instaurar los nuevos. El imaginario social de la modernidad, como soporte originario central, articula, en su significante y funcionalidad institucional, las tendencias distintivas del control y dominio del hombre y su autonomía, ordenado y justificado por la idea de la razón que controla los actos del individuo. El ideal utópico de la seguridad del proyecto moderno vino a representar, a fin de cuenta, el ideal de felicidad y satisfacción plena del hombre bajo la ecuación: de la ciencia más técnica es igual a progreso y bienestar.
El proyecto de la modernidad desató también un afán secularista, que convirtió al hombre moderno en autorreferencial, capaz de dar explicaciones racionales sobre su propio origen en la tierra, y afirmando que éste, no es producto de un acto creacional divino, sino de un proceso natural conocido como evolución. La base filosófica de esta premisa teórica vendrá desde Hegel, quién sostendrá que la realidad, de remota existencia, se remonta a un cuasi embrión, que es ser y nada de forma simultánea y gracias a saltos dialécticos el ser va absorbiendo la nada de tal modo que ésta va desapareciendo, emergiendo así en novedosas etapas: el espíritu humano individual subjetivo, el espíritu objetivo que incluye al hombre y su realidad abarcante, hasta llegar al espíritu absoluto que es Dios. A partir de Hegel (1770-1831), se alimentarán importantes corrientes de pensamientos que tendrán su impacto en lavida religiosa, política, económica, social y cultural de Europa. No será menos en esto, Karl Marx ( un discípulo de Hegel) que no hablará de etapas hacia el espíritu absoluto, sino hacia el hombre como ser social que se encamina hacia el ideal utópico de la sociedad perfecta donde es posible, en su última etapa, vivir la justicia, la igualdad y libertad completa.
El positivismo científico, que es marca distintiva de la modernidad, se fue desplazando hacia todos los campos del conocimiento humano. En el terreno de la biología, la teoría de la evolución de Darwin dará un giro copernicano en su forma de explicarse la naturaleza y el desarrollo de los seres vivos en general. En la teoría de Darwin el impulso genésico juega un papel fundamental, pues gracias a este impulso aparece cada nueva generación con un vigoroso desarrollo de la capacidad de adaptación. La vida emerge con dos impulsos básicos, por un lado el impulso dinámico de progreso de la vida, propio de la flecha evolutiva o filum, y por otro lado, el impulso de inercia, de retorno a la no vida, propio de los individuos, que una vez que han asegurado el proceso evolutivo (por el deseo sexual o procreación) retornan al origen inorgánico de la vida, es decir, mueren.
La modernidad, bajo la influencia de Hegel, construyó discursos totalizantes, o en concepto usado por el filósofo francés Lyotard (1924-1998): metarrelatos o metanarrativas, asumiendo una soberanía de la razón, rigurosa y universal, y una visón de la realidad de las cosas de manera esencialista y autónoma, proponiendo diversas soluciones a los más variados problemas humanos. Así por ejemplo, en plena época victoriana y caracterizadas por el puritanismo, el médico Sigmund Freud (1856-1939), padre del sicoanálisis, describirá al hombre como un ser frustrado de nacimiento y explicará ésta como una frustración sexual, proveniente del hecho inevitable de que su deseo (libido) pretende satisfacerse de una forma imposible. El ser humano posee un subconsciente que lo rige bajo el principio de placer narcisista (omnipotencia del deseo), este impulso pasa por varias etapas, que van desde la oral, pasando por la fálica edípica, hasta llegar a la genital adulta. Los obstáculos para desarrollar plenamente estas etapas vienen de la misma sociedad que repudia y controla las satisfacciones a las que aspira la libido narcisista. Para defenderse del repudio de lasociedad, el ser humano, mediante un aparato de control llamado conciencia y cuyo centro es el Yo, reprime los deseos mediante un proceso inconsciente que hace que la persona impida que un contenido ansioso salga a la conciencia y se descargue.
Visto así, el panorama de la modernidad pone en evidencia que el andamiaje epistemológico que sirve de soporte al proyecto moderno tiene como alma una línea evolutiva que busca permanentemente lo novedoso en contraposición a la tradición. La modernidad supone una realidad dual que se expresa en los contrarios: sujeto/objeto, alma/ cuerpo, superestructura/infraestructura, conciencia/inconsciente, interioridad/exterioridad. El punto de inflexión sobre la realidad estática y esencialista sostenida por Aristóteles y predicada en toda la Edad Media, se encuentra en la separación dual cartesiana del alma y del cuerpo, que a diferencia de la teoría antropológica aristotélica, que hace indiscernible la parte donde empieza uno y termina el otro, deja al cuerpo expuesto como una máquina para ser conocida y manejada por la físico-matemática. Por este camino, el alma, que posee el impulso creador de la físico-matemática, podrá tener un total dominio del cuerpo, que al servicio del alma, está destinado al trabajo y los placeres. Bajo este esquema dual alma/cuerpo, la modernidad expresó su control y dominio, tanto de la realidad exterior como interior, en su idea de razón.
La modernidad desarrolló la utopía del progreso que proyecta la realización de una forma de vida en el mundo, capaz de superar todas las limitaciones de la existencia humana. De este modo el hombre occidental, gracias al cultivo del saber científico-técnico, y alentado por el mito del “eterno retorno” creyó ciegamente que si un poco de saber teórico produce una medida correlativa de saber técnico dará como resultado confort, seguridad y felicidad; entonces: a mayor ciencia, mayor técnica y a mayor confort, mayor felicidad. Sin embargo, el pensamiento occidental dejó ver su crisis al dejarse configurar por esquemas que alejan al hombre de la realidad y lo abandonan en la más asfixiante soledad ante su entorno. Este dramático desconcierto proviene, dice el filósofo español Zubiri, (1898-1893) de un desgarramiento básico: el alejamiento del hombre y lo real. Este alejamiento es provocado por las ansias de dominio y manipulación de las entidades del entorno que busca objetivarlo todo bajo el supuesto del proceso explicativo de causa-efecto.
El dualismo sujeto/objeto del conocimiento, que es típico de la modernidad, busca la matematización y la experimentación de la realidad que quiere comprender. Frente a esto el hombre es sujeto, para quien, desde la óptica subjetiva, la realidad es un objeto posible de prever, calcular y controlar. Esta tendencia reduccionista y dominadora, que no tolera las realidades dotadas de autonomía, reduce el valor de las realidades in-objetivables a merascosas, a medios para manipular como objetos de conocimiento algo proyectado a distancia del sujeto. El constitutivo básico del hombre-sujeto moderno es la razón, razón que piensa la realidad para controlarla y dominarla bajo conceptos físico-matemáticos. Estas categorías son válidas porque constituyen instrumentos conceptuales que posibilitan la verificación, la comprobación del positivismo científico por cualquiera. Todo lo que no sea posible de verificar en la realidad de los objetos o de los sujetos por la verdad de la razón y la comprobación empírica, está en el nivel de las emociones o sentimientos e impresiones y por lo tanto pertenece a un rango menor. En este sentido, el progreso que nos viene de la mano de la modernidad y la diosa razón de la Ilustración, tiene dos caras, por un lado ha dotado al hombre de la capacidad para conquistar las ciencias y con su técnica controlar y dominar su entorno, pero por otro lado, lo ha vaciado de sentido al objetivarlo todo, deshumanizando la trama que constituye su drama existencial y que se expresa en el amor, la imaginación, los sentimientos, las ambiciones; que al no ser matematizables o mensurables, se vuelven en un asunto de segundo orden para la ciencia. El hombre de la modernidad, en su calidad de sujeto de carne y hueso, se convierte en observador abstracto, (Unamuno) en un teorizador, dominador y transformador de lo real.
En este sentido, el utopismo de la modernidad está bien descrito por el escritor cubano Alejo Carpentier (1904-1980) en su novela El siglo de las luces (1962), que al comenzar su obra relata latravesía de un barco que trae a Sudamérica las ideas de la ilustración de Europa, pero junto con eso viene en proa una máquina que es la guillotina y que significará la muerte de muchos.
Esta realidad tan paradójica, que confronta la cosmovisión americana con la eurocentrista, bajo el colonialismo, se desarrollará con episodios desgarradores sobre todo para nuestras culturas originarias y ancestrales; porque Europa no serácapaz de ver al “otro” como diferente, sino que bajo la inspiración ilustrada y sobre la noción de universalidad insistirá en que razón y naturaleza es igual para todos los hombres, por lo tanto, Europa tiene como misión extender la “verdadera civilización” bajo los parámetros de cultura única y progreso universal, viendo a los demás como atrasados o bárbaros. Se impondrá una idea universalista de cultura bajo una perspectiva moderna de cultivar el “humanitas” y superar el “animalitas”, que por los efectos de la civilización, es decir, el cultivo de la espiritualidad humana, se independiza lo verdaderamente humano de la naturaleza animal.
Esta visión eurocéntrica, tendrá consecuencias lapidarias para el desarrollo e independencia de nuestras sociedades, que seguirán reproduciendo en el tiempo sus propios complejos de blanco y viendo a América como la periferia y a Europa como el centro.
Varios son los autores que notifican la crisis de la modernidad y la esquizofrenia del hombre actual, y que éste ha entrado en un estado de profundo vacío existencial. El filósofo español, Alfonso López Quintás, (1928) escribiendo sobre la significación del pensamiento zubiriano, cita en su escrito la anécdota relatada por elhumanista y científico Werner Heisenberg, “que junto a otros destacados científicos, se encontraba recluido en un campo de concentración inglés, cuando se enteraron que el 6 de agosto de 1945 una bella ciudad japonesa acababa de sucumbir bajo una bomba atómica, Otto Hahn, inventor de la fisión del átomo de uranio, salió despavorido de la barraca en que se hallaba. Sus colegas salieron tras él, y a duras penas lograron disuadirlo de que no se abriese las venas con los alambres de espino que cercaban el campo”. Otto Hahn exclamó desolado: “Acabo de constatar que mi vida en conjunto carece de sentido. He investigado por puro deseo de revelar la verdad de las cosas, y el saber teórico se tradujo inmediatamente en poder aniquilador”.
El hombre moderno ha desatado una espiral de violencia que desborda los límites de la cordura, ha dado pasos gigantes en el desarrollo científico y tecnológico, pero también ha retrocedido y caído en lo más profundo de la miseria humana y la pobreza de espíritu. Es muy necesario que el hombre tome conciencia de su desarraigo, de su desapego delo real, de su confusión de vértigo y éxtasis como lo llama López Quintás, para significarcon ello que el hombre desarraigado se expone a la forma más radical de desamparo y desconcierto. La única forma de superar ese estado de vacío existencial es estableciendo vínculos auténticos, modos de encuentro, que sólo es posible en un proceso de éxtasis, es decir, elevándome del estado inferior de vértigo, donde el hombre se pierde entre las cosas, encapsulándose en sí por el individualismo egoísta, para salir de sí creando ámbitos de juegos con la realidad hacia la plenitud. El éxtasis es un proceso espiritual profundo que exige alta dosis creativa de generosidad para que nos encamine a la plenitud como seres personales. Este esfuerzo es posible a través de una real conversión existencial, que compromete el verdadero ideal del ser humano, vale decir, la realización de un proyecto que pone al alcance el ideal auténtico del hombre expresado en la integración de todas sus energías y su vocación más profunda; la realización de modos auténticos de encuentro como la más alta meta a conseguir.
A la luz de nuestra reflexión y del panorama que hemos descrito bajo el prisma del positivismo científico, la modernidad, en su afán de explicarlo todo a la luz de la razón, cayó en el reduccionismo inmanentista, bajo la utopía del progreso, la utopía nacionalista y la utopía socialista, que juntas o separadas, reflejan ladimensión autónoma moderna, sin haber logrado colmar el sentido de plenitud existencial del ser humano.
A partir de la primera guerra mundial, se desató una ola de violencia en las ciudades, se extendió el terrorismo y la corrupción política y la ética cayó en el caos relativista. Ginebra sienta las bases para garantizar la paz mundial, que estimulada por el horror de la guerra, crea la Sociedad de Naciones que propone defender los Derechos Humanos. Europa comienza a experimentar una profunda crisis como consecuencia de dos guerras mundiales. Japón y los Estados Unidos estaban en plena guerra del Pacífico cuando estalla la primera bomba atómica el 6 de agosto de 1945 destruyendo las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, con un balance sangriento de 180.000 muertos. Luego de un largo proceso, marcado por intensas convulsiones sociales y políticas, que remecieron Europa durante los primeros cuarenta años del siglo XX, en Paris, en la histórica sesión del 10 de diciembre de 1948, se aprobará la Declaración Universal de los Derechos Humanos; carta fundamental de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
El occidente ilustrado y rico, suscita una pregunta clave en el marco de esta reflexión: ¿Es posible estudiar la paz desde una perspectiva científica? ¿Son los estudios para la paz contenidos teóricos con categorías de análisis y validez científica? La racionalidad occidental fue capaz de crear una noción de objetividad que se centraba en la posibilidad de cuantificar las cualidades de los fenómenos. Esta objetividad cuantitativa daba la apariencia de neutralidad, de descompromiso con los valores y las creencias de las personas. En el apartado siguiente veremos cómo se modifica el estatuto epistemológico clásico de la modernidad.
El giro epistemológico del paradigma tradicional
2.1 Los síntomas de una crisis
La modernidad con sus luces y sombras y su natural fatiga, ha generado una crisis del paradigma convencional con significativas consecuencias en el ámbito de las ciencias sociales. Los síntomas de esta crisis tienen dos pilares:
a)Uno sustantivo: postula el carácter natural y sociológicamente necesario de la sociedad capitalista compatible con las características distintivas del ser humano cuales son:
1.Su racionalidad
2.Su impulso adquisitivo
3.Su indomable competitividad
b)Otro metodológico: sostiene que el único método aceptable para la sociedad es el positivista, entendiéndose por tal el conjunto de procedimientos y enfoques que guiaron el desarrollo de las ciencias naturales en los siglos XVIII y XIX.
El discurso de la modernidad transformó la relación hombre-naturaleza y los descubrimientos científicos-tecnológicos dieron paso a una visión de la naturaleza bajo la relación de control y dominio de la misma, lo que crearía novedosas situaciones deriesgo social que antes no existían. Esto condujo a nuevas formas dinámicas de interrelación de lo que antes fueran formas estáticas y deterministas de la naturaleza sobre el hombre.
El renacimiento posibilitó un punto de inflexión y reivindicó lo humano y lo terrenal bajo tres figuras epistemológicas clásicas y sus tratamientos básicos:
a)Gnoseológico: El proceso de secularización logró pasar a la modernidad, distanciándose de la inmanencia de la unidadmicro-macrocosmos, propia de los antiguos, apropiándose de la racionalidad del sujeto humano. Dejó de ser un orden objetivo del mundo, subordinado a lo divino, para comprenderse como una facultad –la razón- de un hombre o una mujer convertidos en sujetos poseedores de razón, siempre en correlación, susceptibles de ser aprehendidos por esa racionalidad subjetiva. La bipolaridad clásica sujeto/objeto adopta un posicionamiento epistemológico objetivante, donde se privilegia al objeto en su relación conel sujeto o un posicionamiento subjetivante, procediendo en el sentido inverso, es decir, privilegiando la relación sujeto-objeto. En el tratamiento gnoseológico el objeto indagado, queda reflejado tal cual es, sin que la acción del sujeto indagador incida, contaminándolo en el proceso de indagación. A esto se le denomina “plena objetividad” del conocimiento.
b)Fenomenológico: El objeto se vuelve un fenómeno, es decir, un objeto de la conciencia de la subjetividad humana, y de toda acción intencional sin que se constate incidencia alguna del objeto indagado. Es una especie de desconexión del objeto con respecto al polo relacional. Este tratamiento es calificado de subjetivante.
c)Hermenéutico: La figura hermenéutica no pretende desconectar la relación sujeto/objeto, sino caracterizarla y penetrar la circularidad hermenéutica desde su núcleo, interpretando sus objetivaciones y subjetivaciones vinculantes.
2.2Una ruptura hermenéutica
El círculohermenéutico clásico de la modernidad interpretó la realidad desde el paradigma epistemológico bipolar objeto/sujeto, constatando así la historicidad de esta relación. Sin embargo, el cambio epocal, que inaugura la modernidad tardía o posmodernidad, modifica la visión antropológica clásica, donde el sujeto aspira a la racionalidad absoluta y al conocimiento, traducido en fórmulas de tipo físico-matemático como criterio de verdad científica, para luego, desde ahí, trascender hacia una sociedad líquida como la llama Bauman, usando su metáfora para significar que la naturaleza de la fase actual de la versión privatizada de la modernidad no tiene pautas estables ni predeterminadas y que al igual que los líquidos, son informes y se transforman constantemente.
El hombre de la modernidad tardía se ha vuelto escéptico y ha perdido el deseo de ahondar en el ser humano como un ser individual y social, poniendo en entredicho su fe en la razón y resistiéndose a explicaciones sobre la totalidad de la realidad y su sentido, favoreciendo de este modo la aparición de otros metarrelatos, nuevas vanguardias y concepciones filosóficas fragmentarias. A la unidad del ethos moderno se le opuso la multiplicidad de ethos, basados en las diferencias que apuntan sus flechas al fenómeno del relativismo cultural y al auge de los particularismos antiuniversalistas, muy propios de la posmodernidad.
Dentro de una caracterización más o menos definitoria de esta ontología light del hombre actual, podemos destacar: a) pérdida de vigencia de las ideologías. b) la realidad deja de ser un valor de uso para convertirse en un valor de cambio. c) la ética se vuelve casuística, busca los consensos y pierde el análisis de principios o teorías, sólo importa lo más cómodo, lo que resuelve casos individuales. d) predominio de lo hedónico, de la permisividad y el consumismo, sustituyendo el ahorro y privilegiando el crédito. e) la realidad se percibe en superficie, sin límites y difuminada, carente de profundidad. f) la vida vale por lo que se tiene y por lo que es capaz de gozar, y no por lo que es en sí, su incondicionalidad y su carácter sagrado.
Autores como Horkheimer (1895-1973) y Adorno (1903-1969), pertenecientes a la primera generación de la Escuela de Fráncfort, e influidos por ladialéctica de Hegel, el marxismo, el psicoanálisis y la fenomenología, propusieron una explicación distinta a la que venía desarrollando el positivismo científico y sus variantes y lo sometieron a la crítica. El criterio para la cientificidad y su demarcación, bajo el principio de verificación del positivismo lógico, o el de falsación propuesto por Popper (1902-1994), fueron vistos con sospecha, pues desde esta óptica era convertir la racionalidad humana en razón instrumental. La racionalidad humana debía ser explicada también desde ángulos complementarios, como los compromisos sociales, es decir, desde la racionalidad emancipadora que muestra a la ciencia no sólo como racionalismo crítico, sino como teoría crítica (Martínez:2002).
Se puede constatar una mutación en el estatuto epistemológico del sujeto. Los sujetos del saber ya no son espejos cognitivos que reflejan la realidad tal cual es. Es una subjetividad descentrada, tramada desde un contexto que la trasciende y la articula a los otros, a la praxis intersubjetiva con esos otros, al socium al que pertenece. Los sujetos son procesos de subjetividades no acabadas que comienzan con el nacimiento y culminan con la muerte. Pero por otra parte, también se constata el redimensionamiento del objeto. Los objetos del saber no son ni pueden ser idénticos a las cosas mismas sabidas; sólo son y sólo pueden ser “contructos teórico del saber”, construido intersubjetivamente desde los contextos del saber y tramados intersubjetivamente en el lenguaje y el discurso. (Sotolongo: 2006)
Occidente y toda su tradición científica fue marcada fuertemente por el logos griego y su“Episteme” racionalista. Su máxima expresión en la Europa moderna fue la Ilustración, que a partir del siglo XVIII, predominaría en los diversos ámbitos del concomimiento. Sin embargo, se abrirían dos tradiciones culturales significativas; una denominada “ilustrada”, con gran influencia del pensamiento de Voltaire (1694-1778) y Kant (1724-1804) y otra tradición llamada “romántica”, influenciadas por Rousseau (1672-1747) y Herder (1744-1803).
Esta última tradición romántica inspirada en Rousseau y desarrollada ampliamente por Herder, discute y critica el universalismo, poniendo énfasis en la diversidad cultural. Esto significará en el caso de Herder una posición crítica frente a la idea de continuidad para comprender los procesos históricos como cadenas sucesivas y las entenderá más bien como culturas particulares, que sin ser la continuidad de la anterior, se desarrollarían al máximo de su perfección llegando a ser insuperables. Esta tradición constituye una crítica a la idea de progreso, subrayando la fuerza de los instintos y el valor de las costumbres que sostiene a cada cultura de manera autónoma sin parámetros externos.
Esta apertura y reconocimiento por la diversidad cultural, recuperaba de algún modo la vieja concepción de la Paideia Griega y el Cultus Anima de los latinos, donde el sentido de la cultura es armonizarse o cultivar una naturaleza de antemano; sin el dualismo antropológico de una naturaleza animal y una humana, como la concibió la cultura moderna, que creía debía asumir el camino civilizatorio de la humanización. El racionalismo de la Ilustración no tuvo la capacidad de autocriticar los reales intereses y valores que quería defender y esa ceguera le impidió ser crítico de su propio proyecto de modernidad. En nombre de la neutralidad y la objetividad científica se construyeron relaciones de poder y saber que hicieron de la universalidad y el progreso criterios únicos de civilización.
Ya, en la posmodernidad, emergerá una resonante crítica al pensamiento moderno con Lyotard, Vattimo y Rorty, pero será Foucault, ubicado como “tardomoderno”, junto a Derridá y Deleuze (Rojas 2001: 1) quién retoma de algún modo, la bandera de una crítica menos severa a la razón ilustrada, que la primera que asumió la crítica conservadora de los aristócratas en contra de la ilustración, emprendiendo un cuestionamiento totalitario. Foucault, que se inspiró en la “Dialéctica de la Ilustración”, construyó su crítica a la razón “sin salirse de la razón”, y a diferencia de sus colegas y principales filósofos del posmodernismo, distinguirá entre el fin de los metarrelatos de la historia (realidad histórica) y el fin de la “ciencia histórica”, así,hablará más bien del fin de la episteme de la historia relacionada con el dominio que la ciencia históricatuvo en el siglo pasado.
La crítica y propuesta de Foucaultabordará el camino de la ruptura epistemológica, que basada en la arqueología y genealogía de saberes radicalmente históricos descubrirá una nueva manera original y creativa de hacer historia (Rojas. 2001:5). Las relaciones de poder y saber han impedido el reconocimiento de especificidades de saberes culturales locales y étnicos, en contra de otros saberes que fueron sometidos. (Martínez. 2002:13).
La propuesta tendrá la novedad de un abordaje de la noción episteme, (ciencia) que parta, no ya del modelo decientificidad universalista, cuantificable y que se impuso en la modernidad, sino de una visión amplia, que reconozca la diversidad de competencias, donde se implican subjetividades, sociabilidades, memorias, historias de vidasy relaciones con la naturaleza, propias del ejercicio de los seres humanos. Este es un terreno propicio para una revaloración científica de los Estudios para la Paz. Interpela a los teóricos que vieron en el principio de verificación experimental, el único modelo de demostración firmemente probada. La inversión de la mirada, el reenfoque de la percepción de figura y fondo y la noción de centro-periferia de la realidad subjetivada, subvierten el paradigma epistemológico occidental heredado, creando las condiciones óptimas para, como lo expresa Martínez, hacer las paces y transformar, desde las culturas, las perspectivas de la relación objeto/sujeto y poder/saber.