miércoles, 21 de marzo de 2007

Platón en la ciudad

UN CAFE PARA PLATON


En Nicragua los cafetines son esos espacios públicos, donde se reúnen amigos para tener pláticas informales sobre una diversidad de temas, algunos privados, otros de interés común y públicos. En estos lugares, que abundan en nuestra capital, se reúnen las personas de todas las condiciones sociales, en torno a una merienda, para contar las historias cotidianas, el último chisme, descargar sus rabias a manera de catarsis social, contra alguna desgracia personal o alguna anomalía social o política. Una cosa muy recurrente en estos coloquios cafetineros, son los temas de orden político; vistos y analizados como una especie de termómetro social y tubo de escape, donde la manera de abordar y enfocar el coloquio, dan cuenta que el tema político, es un asunto que atraviesa transversalmente la vida de los que hacemos patria en la ciudad.

Resulta interesante, detenerse por un momento y observar los discursos, con sus tejidos argumetales y lexémicos, debatiendo y estableciendo posiciones, ya sea a favor o en contra. Uno puede recorrer infinidad de lugares en la capital, y allí están los cafetines; fuera y dentro de los colegios, fuera y dentro de las universidades, frente a un Banco, cerca de los centros comerciales, o en los mercados; invitándonos a un café, a la conversa amena, simple o compleja, pero no menos apasionada, y a degustar una que otra exquisitez de la comida popular nica. Pero lo que quiero señalar, es que el nicaragüense se crea, de algún modo, los espacios para decir su palabra y construir sus discursos, y esto, por la necesidad innata de los humanos para expresarnos y comunicarnos. La palabra es poderosa como lenguaje y discurso, y con ella expresamos mundos, significados y sentido, en otras palabras, nuestro logos, como decían los antiguo griegos.

No se habla por el simple hecho de hablar, tanto la palabra hablada como escrita, lleva una enorme carga de sentido y significado detrás. Nuestro lenguaje humano es la expresión del discurso, y se articula mediante complejos sistemas de fonemas (letras) y sistemas de lexemas (palabras). Varios son los autores que se han ocupado de la relación entre lenguaje, organización social y poder, entre otros, Barthes, Derrida, Irigaray, Kristeva, Foucault.

Cada uno de ellos ha planteado su propia red de interpretaciones. Construcciones teóricas que recorren diferente caminos y se interlazan conceptos, ejes, claves, oposiciones binarias: el discurso, el relato, el lenguaje, el poder, la desconstrucción, las relaciones entre significados y significantes, entre formas y contenidos etc.

Podemos elegir un camino donde se reflejen algunos de estos elementos teóricos: por ejemplo la casa de gobierno, o casa presidencial, con su pináculo romano y su color mamón. Ella representa la institucionalidad de un país, un orden establecido, la legitimidad de un gobierno. Para los nicaragüenses es un lugar simbólico, donde reside el presidente elegido legítimamente y donde se espera se atiendan y resuelvan los problemas sociales y económicos a corto y mediano plazo.

Es posible percibir la institucionalidad del país, con todo su sistema social, político, económico y jurídico como un discurso, una representación, un enunciado. Un discurso consiste en una cadena de elementos que le dan forma y lo construyen, cada elemento de un discurso tiene su significado particular. Los discursos son sistemas de significados y estos significados no son explícitos, pueden ser calificados como supuestos. Si queremos desconstruir un discurso, tenemos que revelar los supuestos que están en su base: primero, entendiendo su construcción, segundo, revelando el poder que contiene en un contexto socioeconómico y cultural más amplio, y tercero, construir otro discurso como contra-poder.

El nicaraguense construye su discurso dentro de la representatividad institucional de la que forma parte, la familia, la educación, la religión, el partido político, la empresa etc. Un político va a emitir su opinión sobre materia política, coherente con el discurso oficial de su partido, un religioso lo hará coherente con su credo religioso. Somos consumidores de discursos flotantes, disponibles en la sociedad, no construimos nuestros propios discursos. Nos situamos en discursos que nos hablan, y nos interpretan como personas y actores sociales.

Como sujetos sociales estamos convencidos que producimos nuestros propios discursos, que elegimos y actuamos en libertad, bajo nuestras propias convicciones. Aunque tengamos esa sensación, lo cierto es que más bien los discursos nos construyen a nosotros.

Los discursos penetran en todos los aspectos de nuestra vida. El bombardeo publicitario de la televisión con sus colores y frases hechas, acompañados de imágenes que estimulan las sensaciones y despiertan el deseo consumista, es poderoso, sobretodo cuando debemos hacer una decisión. No podemos visitar un supermercado o un centro comercial, sin complacer deseos en marcas de ropa o comidas; pues estamos determinados por el discurso consumista. La dueña de casa que con gusto prepara diariamente la comida para su marido y sus hijos, se siente que esa es su tarea desde un determinado discurso: el discurso de que esa es su responsabilidad como mujer.

¿Que sucedería si cambiáramos nuestro discurso un día de estos? ¿Nicaragua se volvería diferente?. La creación y el cambio de discurso lo determinan las circunstancias económicas, sociales y culturales. Estos cambios son posibles en cuanto varían las relaciones del poder dentro de una sociedad. Los discursos no son neutrales ni autónomos, ellos siempre se sitúan frente a otro discurso y esta jerarquía entre discursos tiene que ver con las relaciones de poder existente.

Como nicaragüenses y consumidores de discursos tenemos la posibilidad de interferir en los discursos a los cuales adherimos, especialmente los sujetos colectivos. Aunque los discursos nos invaden y a la vez forman parte de nosotros, como sujetos sociales tenemos la posibilidad de transformarlos.

Al igual que el filósofo Diógenes, que con su linterna buscaba por las calles de Atenas y en pleno día, un hombre (convencido que en la ciudad habitaban sólo bestias, que comían, dormían y vivía como bestias),me propuse un día salir por las calles de Managua, a buscar un político de verdad, lo hice escuchando las conversaciones cotidianas en los mercados y cafetines. Descubrí que las pláticas callejeras y debates improvisados en torno a un café, son espacios parlamentarios y tribunas populares, donde se construyen discursos y se representan forma de contra-poder. La política y los políticos no están en la Asamblea Nacional, ni en el gabinete presidencial, sino en la calle, en los mercados, en los cafetines, en los barrios, en los colegios, en las universidades, allí donde se construye el discurso y se expresa el imaginario colectivo del sujeto social, se encuentra el político y la política, como arte de lo posible y conquista del poder. ¿El pueblo presidente?.No es un simple slogan panfletario, tiene significado y sentido detrás de las palabras. Desconstruyendo el discurso, se pueden revelar los supuestos en su base.

¿Pero qué si un día de estos, se nos aparece el gran Platón por algún lugar de la vieja Managua; como buscando la pólis, la ciudad perdida? ¿Lo invitamos a una café?, ¿cuál sería el tema de nuestra plática? ¿Cómo comenzaríamos nuestro discurso?. Mucho dependerá, creo yo, del tema a abordar; naturalmente mi impulso no se dejaría esperar y me arrojaría a la política…Cuál sería mi sorpresa que el sabio griego; de hombros anchos o frente ancha(de ahí su nombre Platón) me abriera las páginas de su ensayo de teoría política: “La República”, para decirme que su tema central es la justicia en el individuo y el Estado y que existe una correlación entre el alma y el Estado; tanto así que la estructura de la ciudad se encuentra reflejada en el alma y viceversa. Por eso la ética conduce a la política. Sólo en la ciudad justa es posible educar hombres justos. Los gobernantes no serán conducidos por la ambición personal y el derecho del más fuerte, sino que se inspirarán en el orden inmutable de las Ideas (el mundo inteligible y plenamente real)…comienzo a entender esta utopía política y que el gobierno pertenece a los filósofos (o los gobernantes han de practicar la filosofía)…, perdón, doñita: un café para Platón, el de la mejor cosecha de Nicaragua…disculpe…Platón; ¿con cremora o sin cremora?...

….Me reservo el derecho a no pensar, en un arranque de inocencia, que en una plática cafetinera, algunos están planeando el próximo asalto al pueblo o bissneando en nombre de la honorable política y la maldita corrupción. Sigo con Platón en torno a un café y su República.


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Debate Etico


EL ABORTO: ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

Guillermo Gómez Santibáñez


Debatir sobre un tema tan sensible como lo es el aborto, y aún más, hacerlo en la arena pública, donde queremos sentar nuestras posiciones, generalmente tan divergentes, es un legítimo derecho ciudadano; propio de una sociedad que se precia de democrática y pluralista. Una sociedad que se funda en los más altos valores humanos, de respeto y dignidad de las personas, no puede manejar a la ligera, ni mucho menos manipular ideológicamente, un tema que atraviesa la moral de la persona y la moral social. Es por esta razón, que creo muy conveniente y necesario, que se amplíen los debates sobre el tema del aborto y sus modalidades a diversos niveles, y con la participación de voces autorizadas en materia de medicina, derecho, religión y política,. La iglesia ha extendido su invitación y ha declarado su posición, las Universidades y otras diversas instituciones sociales, deben también hacer lo propio

El derecho a la vida

En la Carta Europea de los Derechos de la Infancia, emitida bajo resolución el 6 de octubre de 1979, por la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, se afirma sin ningún paliativo “que se reconozca el derecho del niño a la vida desde el momento de su concepción”.

Sobre el mismo tema debemos decir que las Sociedades Europeas de Derecho Médico, se suman a esta iniciativa, reconociendo el incuestionable dato científico de que la concepción implica el comienzo biológico de cada individuo humano, y por lo tanto propician que ese momento sea también el inicio de los derechos: “Verificándose el evento del nacimiento, los derechos se entienden adquiridos desde el momento de la concepción”.

Estas y otras razones jurídicas, advierten la preponderancia del tema en Europa, y que concilia con un asunto de fondo: el principio fundamental de preservar la vida humana. Pero ¿sólo la sociedad europea debe estar a esta altura de un debate ético y moral? ¿Acaso en nuestro país, con su pobreza y subdesarrollo tercermundista, la vida vale un chelin y tiene menos dignidad que la de Europa u otra área del mundo? Cuando se ha citado a Europa y la modernidad, para enarbolar la bandera pro-abortista en Nicaragua, aduciendo un retroceso de un siglo en el tema de la penalización del aborto, no se han planteado bien los enfoques, ni los diversos aspectos que han debido de considerarse sobre un asunto tan candente y erizante, como el aborto en la sociedad europea. Pero no tenemos que ir tan lejos, nosotros tenemos la capacidad espiritual y la conciencia moral suficiente, para plantearnos el tema de una manera saludable y respetuosa, y sin que ello afecte nuestra moralidad de forma negativa. Si en el aborto se debate la vida o la muerte; en cualquiera de sus modalidades o casuística, con mayor razón, los diversos sectores de la sociedad civil y la legislación nicaraguense, deben ponderar su juicio a favor y en defensa de la vida humana con eticidad y altura moral.

La ética médica

Los códigos deontológicos desde la antiguedad advierten una irrestricta protección de la vida humana, la que implica la prohibición del aborto.

El clásico juramento hipocrático. Los consejos de Esculapio, el sermón de Asaph (siglo VI), los Preceptos poshipocráticos, los Códigos medievales, la Plegaria del Médico, las Normas de Federico II.

En el contexto histórico actual, los códigos en vigencia, tanto de occidente como de oriente tiene un consenso universal; La Declaración de Ginebra de 1948 de la Asociación Médica que dice: “Guardaré el máximo respecto hacia la vida humana desde el momento de su concepción”. El código Deontológico Español afirma que “el médico está obligado a respetar la vida humana en gestación”. El Código de los Médicos Alemanes (1970) dice: “por principio, el médico está obligado a respetar la vida humana en gestación. En el nuevo (1976) la promesa contiene que: “Dispensaré a cada vida humana, desde su concepción, un profundo respeto”.

Muchos países han avanzado en el abordaje del tema del aborto, a partir de una conciencia universal sobre el respeto que infunde la praxis médica, y es desde esta perspectiva que podemos vislumbrar un acercamiento de diálogo, de entendimiento y de ablandar posiciones endurecidas. Me parece que la palabra del Cardenal Obando, en torno a un acercamiento de posiciones sobre el aborto terapéutico, y la posterior invitación de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, están en la línea de debatir, desde las diversas ciencias humanas, un tema que nos atañe a todos por igual y sin distingos.

Existen normativas específicas para “situaciones límites” en los códigos civiles de algunos países y en la que se deja explícitamente establecida la independencia profesional del médico en su vertiente ético-deontológica y libertad de conciencia. Está el Código francés, el Código italiano, los dos códigos alemanes y el Código belga. Todos estos códigos posibilitan la objeción de consciencia del profesional médico. No podemos asegura por cierto, que los códigos de ética médica no estén expuestos al atropello de normativas foráneas, sin embargo, es necesario que los legisladores no pierdan de vista dos cuestiones fundamentales: el respeto a la conciencia individual de los profesionales de la medicina y discurrir jurídicamente a la luz y de acuerdo con la respetada y universal deontología médica.

El problema moral

Reducir el derecho al aborto a un asunto meramente jurídico, o político es empobrecer la visión y la concepción de la vida humana en su conjunto, y más aún, centrarlo en el momento del origen de la vida, es biologizar lo humano.

El ser humano es mucho más que materia, es ante todo persona, y como tal posee una estructura moral que lo hace responder de una manera diferente a la realidad, a fin de dar cuenta de ella de manera libre y conciente. Por eso que se requiere clarificar los problemas morales involucrados en el aborto y ofrecer algún tipo de respuestas racionales.

La Corte Suprema, o la Asamblea Nacional, pueden legalizar el aborto o penalizarlo, pero no pueden cambiar el carácter moral del aborto por un decreto. De igual modo que no se puede hacer moralmente aceptable la esclavitud, la segregación o la discriminación de ciertos grupos de personas, el aborto es moralmente ilícito en su naturaleza.

La ley moral es racional y nunca nos obliga a obrar contra nuestra razón. Los avances en la obstetricia han eliminado muchos casos dramáticos, en lo que se daba un verdadero conflicto entre la vida de la madre y la del feto, por eso es imperativo dar respuestas más de fondo que de formas. Por otro lado, impedir la posibilidad de actuar libremente y responsablemente sobre un proceso, (como la vida en formación) que es consecuencia de una acción humana, (acto moral) es negar la capacidad que tienen los seres humanos de regular aquello que ellos mismos van creando: las relaciones interpersonales, las regulaciones sociales.

Existe en algunos países una solución jurídica conocida como ley de plazos, en la que quien decide es sólo la mujer, pero bajo una clara conciencia de maternidad responsable y una serie de medidas usadas y difundidas antes de optar por el aborto. Sin embargo, esta es la última garantía jurídica de una sociedad para asegurar a todas las mujeres una maternidad deseada. Esta alternativa permite preservar plenamente el derecho a una maternidad responsable, sin que la decisión de la mujer se vea empañadas por subterfugios, sino que sea el pleno ejercicio de su libertad y conciencia moral.


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LA RECONCILIACIÓN, EL CARDENAL Y LA IGLESIA.


Cuando era chavalo y amanecía con el genio atravezado, nada me agradaba, todo me molestaba, mi madre; con una admirable paciencia me decía: eres como el perro del hortelano, “no comes ni dejas comer”. Esto lo recuerdo, precisamente, a raíz de leer en los medios escritos, y oír por aquí y por allá, a mucha gente, su inconformidad sobre la posibilidad de que el Cardenal Miguel Obando y Bravo pudiera asumir la coordinación del Consejo de Reconciliación y Paz . Advierto en la opinión de un determinado sector, su desagrado frente a esta iniciativa del Presidente Ortega, pero también hacia quien ha sido invitado a presidirla. Se levantan de pronto, voces muy negativas que critican, de uno y de otro lado, sin proponer nada, y es entonces que me recuerdo del dicho paciente de mi madre: no comes ni dejas comer.

Nicaragua es un país de heridas abiertas y de una memoria muy frágil, su historia está entrecruzada por dolorosos procesos políticos y sociales, que la han empujado a encuentros fratricidas y suicidas, convirtiéndola en un país con traumas políticos y enormes angustias sociales. No ha existido una visión de país conciliatoria y democrática, y más bien ha predominado el rugido del más fuerte, haciendo de Nicaragua una especie de selva, ingobernable, donde sobreviven sólo las especies mejores dotadas de la Jungla.

La iniciativa del presidente Ortega, de contar con un Consejo de Reconciliación y Paz, no sólo obedece al plan de poner en ejecución su programa de Gobierno y sus promesas anunciadas en campaña; sino que busca, sobretodo, poner en su agenda política un tema que a ningún otro gobierno se la pasó por la mente hacer: buscar la reconciliación entre los nicaraguenses . Al respecto quiero hacer algunas puntualizaciones.

El tema de la Reconciliación puede ser abordado desde tres aspectos: uno político, otro sicológico y el religioso. Ninguno se excluye, sino que se complementan y cruzan, porque forma parte de un entramado social que toca las diversas esferas de la vida de las personas de una sociedad.

Por ahora me limitaré al aspecto religioso de la Reconciliación, a fin de justificar su interés político y social.

En su libro Las Bienaventuranzas: Evangelizar como lo hizo Jesús, el teólogo Segundo Galilea, dice que la evangelización es una simultánea proclamación de una justicia liberadora y de la reconciliación. Advierte con esto, que justicia y reconciliación no se excluyen, sino complementan. Aún más, con ello afirma que restablecer la justicia es condición fundamental para la reconciliación. Pero eso no es suficiente, porque no puede sanar heridas y hacer desaparecer las ofensas del pasado. Para que la justicia prevalezcas, debe imperar la verdad, pues sin la verdad no hay justicia y sin justicia es imposible la paz. Esta es la ecuación del evangelio que nos enseña Jesús y que pasa necesariamente por la práctica personal y social. No sólo se debe luchar por la justicia, sino también amar a nuestros enemigos, y esa es una demanda seria y un desafío ineludible del evangelio. Para muchos, el llamado del Presidente a ocuparnos de este tema, y la consecuente creación de un Consejo de Reconciliación, suena utópico y descabellado, pero Nicaragua precisa con urgencia, someterse a un proceso de sanar sus heridas, tanto sociales como políticas que se arrastran del pasado, y no seguir lamiendo sus llagas, negándose a ver un futuro más solidario y con justicia social.

La presencia del Cardenal Obando en el Consejo de Reconciliación, es una garantía válida, tanto por su investidura y su experiencia, para orientar al gobierno, a la clase política y a la sociedad civil, en la práctica de la reconciliación y la búsqueda de la paz. La trayectoria del Cardenal y la imagen que él representa como hombre de Iglesia, Pastor y Profeta, difícilmente hará que asuma una responsabilidad de tal magnitud, con intereses mezquinos y meramente partidarios. El espíritu que mueve a un hombre del nivel del Cardenal, es el bien común; expresados en una patria más solidaria, más justa y fraterna, donde podamos vivir con transparencia y convivir en paz.

La Iglesia es depositaria y portadora del mensaje cristiano de Reconciliación. De la cruz de Cristo brota ese mensaje, donde el mismo Jesús experimentó en su propia carne, todo el odio y la impiedad que los sistemas humanos, perversos y diabólicos, pudieron ejercer contra El. Desde allí, dice san Pablo, que Dios reconcilió en Jesucristo al mundo.

El Cardenal es un hombre que lleva las marcas de la Iglesia y su experiencia puede contribuir al proceso de reconciliación con sapiencia. Que eso implica un papel político, es indiscutible, pues la práctica del perdón, de la justicia, de la verdad, la reconciliación y la paz, es el ejercicio mismo del evangelio, iluminando la vida humana. La sal para que sazone la comida, debe diluirse en ella, sino no tiene sentido.

La reconciliación es una gracia y por lo tanto la iniciativa viene de Dios. Existen dos partes en el proceso de reconciliación, el ofensor u opresor, el ofendido o la victima. No existe la reconciliación, si ambas partes no se encuentran y se dan en el perdón. El proceso puede comenzar en cualquiera de los dos extremos. La autenticidad del perdón es sospechosa si la justicia no es nombrada y reconocida, al menos por la victima. La Reconciliación no es una cuestión de crear una institución y dar beneficios sociales a un determinado grupo de gentes. El tema propuesto por el gobierno, tiene una cobertura de país y debe atravesar por lo tanto el alma nacional, su moral, su espíritu. Las victimas, de tantos atropellos a sus derechos humanos más fundamentales, como los ofensores u opresores, que han violentado impunemente la dignidad de las personas, deben ser interpelados a un encuentro para el perdón, sin perdón, no hay reconciliación y sin reconciliación, seguirán habiendo victimas y victimarios, oprimidos y opresores; y aquí no ha pasado nada señores.



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CHILENIDAD CON EMPANADAS Y VINO TINTO




Tierra de copihues y zorzales

"Chile, Chile lindo, lindo como un sol, aquí mismito te dejo… hecho un copihue mi corazón".

Así reza el estribillo de esta tonada de la música folclórica nacional de Chile, conocida y cantada por todos los chilenos y chilenas en cualquier parte del mundo. Es un poema que encierra los sentimientos más nobles y puros de amor a la madre patria; esa larga y angosta franja de tierra, que Benjamín Subercaseaux en su particular lectura de la nación llamara “…una loca geografía”(1940). En este mes de septiembre (18 y 19 de septiembre) en que los chilenos celebran las fiestas patrias, fiestas que constituye todo un símbolo; cargado de tradiciones y memorias, deseo sumarme a esta celebración desde este terruño nicaraguense, haciendo un modesto homenaje en memoria del país que dejé hace unos años, para vivir en la Managua de mis ensueños.

Chile es un país al sur del mundo, con una población de más de quince millones de habitantes. Limita al sur con el continente Antártico, al norte con Perú, al oeste con el inmenso océano Pacífico, hasta la mitad del mundo, y por el este, con la imponente y majestuosa cordillera de los Andes: la muralla nevada. (Esto suena de perogrullo, pero hace unos días conversando con un taxista y en otro momento con estudiantes universitarios, creían que Chile pertenece a Europa, al igual que un carabinero de mi país,-lo que equivale a decir un policía-, pensaba que Managua quedaba en Sudáfrica).

Chile es un país de grandes contrastes climáticos, con paisajes naturales de extraordinaria belleza. Bajando por el norte grande, nos encontramos con un clima seco y desértico; con una configuración geográfica y geológica sorprendente y una flora y fauna exquisita y admirada por los estudiosos. Su famoso desierto de Atacama, el más seco del mundo, junto con “El valle de la Luna” en san Pedro de Atacama, hacen de esta zona un lugar de inigualable belleza, sobre todo en la puesta del sol. El verdor y fértil valle central; bañados por sus ríos y sus grandes extensiones de tierra cultivable; con sus interminables parronales, invitan a deleitarnos con el paisaje bucólico de un Chile nostálgico. El sur con sus invernales lluvias, sus lagos y cordilleras, hacen de esta zona un paraíso terrenal para soñar despierto.

La emancipación de la corona española

El Acta de independencia de Chile -donde quedó sellada a perpetuidad la emancipación de la Corona española- está fechada el 1 de Enero de 1818 y fue firmada en el Palacio Directorial de la ciudad de Concepción, por Don Bernardo O´Higgins Riquelme, Miguel Zañartu, Hipólito de Villegas y José Ignacio Zenteno. Pero ¿porqué los chilenos celebramos las fiestas patria 18 y 19 de septiembre entonces y no el 1 de enero? El acta de independencia de Chile reza en un fragmento: “…Estaba reservado al 19 el oír a la América reclamar sus derechos sin ser delincuente y mostrar que el periodo de su sufrimiento no podría durar más que el de su debilidad. La revolución del 18 de Septiembre de 1810 fue el primer esfuerzo que hizo Chile para cumplir esos altos destinos a que lo llamaba el tiempo y la naturaleza: sus habitantes han probado desde entonces la energía y firmeza de su voluntad, arrostrando las vicisitudes de una guerra en que el gobierno español ha querido hacer ver que su política con respecto a la América sobrevivirá al transtorno de todos los abusos…”

Chile dio un paso decisivo para su emancipación el 18 de septiembre de 1810, dentro de un contexto histórico sin precedentes y en donde las razones fundamentales era el descontento generalizado de las colonias americanas por el alza de impuestos por parte de España, como única forma de solventar a la desfinanciada casa de los Borbón. Ya soplaban fuertes aires independentistas y Chile decidió su rumbo cuando el Cabildo solicitó la renuncia a Francisco Antonio García Carrasco por ejercer una actitud opresiva hacia los criollos. Se formó entonces la Primera Junta Nacional de Gobierno, que sin embargo, juró fidelidad al Rey de España por ser considerado al supremo Consejero de Regencia como representante de la majestad Real. Este fue el inicio de la ruptura emancipatoria entre la Monarquía de España y lo que llegará a ser la República de Chile.

El Ejército de Chile jugó un papel muy importante en la constitución de la nación. La Primera Junta Nacional de Gobierno, por los méritos obtenidos en feroces guerras y heroicas batallas, que dieron a Chile honor y gloria, crea el 2 de diciembre de 1810 el Ejercito Nacional. El General Bernardo O´Higgins tuvo la tarea de darle al ejército una doctrina militar a través de la creación de la Escuela Militar. En 1915 por decreto supremo, el Presidente Ramón Barros Luco declaró el 19 de septiembre “Día de las Glorias del Ejercito” en reconocimiento a la entrega y patriotismo demostrado por los soldados chilenos. Esta fecha memorable recuerda el primer día que Chile fue considerado un país libre.

Las fiestas dieciocheras; como suele llamarse en Chile, son una verdadera fiesta multicolor y familiar. Se ensalzan los valores patrios y se embandera todo el país; se adornan las casas, calles y escaparates con los colores del pabellón nacional y los símbolos que dan significado al sentimiento patrio. La radio y la TV dejan sonar la cueca, declarada baile nacional, despertando los más nobles recuerdos familiares, como las más ricas tradiciones y costumbres populares que aún se mantiene y se transmiten a las nuevas generaciones. Las empanadas fritas y de horno son acompañadas con vino tinto y del otro, los anticuchos (brochetas), comienzas a dar sus olores en casa, parques y plazas, el mote con huesillo; heladito, es propicio para calmar la sed en cualquier parte donde el paseo familiar nos lleve. La “parada militar”(desfile de las Fuerzas Armadas) en la elipse del Parque O´Higgins el día 19 de septiembre; reúne a toda la familia en casa, en suculentos asados familiares, y frente a una televisión en cadena nacional. Son días de un ¡Viva Chile Mier…mosa patria!

Memoria e identidad

Colombres dice: “…un pueblo que desconoce su historia, u olvida su pasado, lo repite sin saberlo”. Sólo el que rescata su memoria está en condiciones de afrontar su futuro y redimirlo en todos los campos del pensamiento. La memoria de un pueblo, ya sea individual o colectiva, está estrechamente vinculada con su identidad, de hecho, no hay identidad sin memoria. La identidad en su definición sociológica más elemental, es aquella que tiene que ver con la manera en que individuos y grupos se definen a sí mismos. La identidad es un proceso social por el cual los individuos van conformando y compartiendo lealtades grupales culturalmente definidas; tales como la religión, el género, la clase, etna, sexualidad, nacionalidad.

La relación memoria-nación, es dialéctica y configura los rasgos de nuestra identidad individual y colectiva, sin embargo, la chilenidad en si misma significa muy poco sin referencia a los miembros concretos que son los “chilenos”. Por esta razón dirá Larraín que las identidades colectivas no deben hipostasiarse en un sujeto totalmente integrado. La identidad colectiva, en sí misma es un puro artefacto cultural, un tipo de “comunidad imaginada” (Anderson).

Si la memoria es el trabajo continuo de la conciencia y que está siempre expuesta al olvido (San Agustín); la memoria constituye entonces un elemento central de la identidad humana.

Así, de este modo, la identidad no es algo dado de por sí, sino que encontraría su base en la memoria, como algo que se construye, que se elabora, que se transmite. Esta constatación sería aplicable igual a las entidades colectivas, entre las que se encuentra la nación.

En la extraordinaria obra de Subercaseaux: “Chile o una loca geografía”, el narrador da cuenta de una nación, describiéndola desde una percepción memorística-geográfica, y en cuya impronta de Chile, se revelan los modos de ser chileno en un permanente descubrimiento de si mismo y del otro. En su lectura de la nación, el narrador concibe a Chile como un subconjunto de territorios, cuyas diferencias y distinciones conforman una unidad en la diversidad. Para Subercaseaux, a través de un ingenioso recorrido escritural-topográfico, Chile se va haciendo, rescatando en la memoria, las características más distintivas del chileno. En el apéndice de esta obra el autor revela lo que anida en el estado de ánimo del hombre nacional:

“Chile tiene sus cielos propios como una esperanza propia que anida allá arriba, cuando alzamos la mirada, y tiene también sus veleidades y sus horizontes cerrados como un mal presentimiento, en cuanto descendemos la mirada. Pero, por sobretodo, posee unos amaneceres diáfanos que son un consuelo diario y que le imprimen en el alma del que los contempla una como “orden del día” que fija el estado de ánimo del que enfrenta la tarea cotidiana y difícil del hombre que vive sobre una misma tierra y bajo un mismo techo”



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CON LA IGLESIA HEMOS TOPADO SANCHO: los errores de Andrés Pérez

Guillermo Gómez Santibáñez


Deseo agradecer al Dr. Andrés Pérez Baltodano, por haber respondido (www.elnuevodiario.com.ni pág. de Opinión 30/06/06), a mi reacción sobre su artículo del 1/06/06 en el Nuevo Diario de Nicaragua. De igual manera deseo aclararle que mi ánimo no es de tozudez teológica, sino la de aclarar posiciones y delimitar las fronteras de nuestra discusión. Andrés Pérez es un sociólogo y tiene el derecho y la libertad de expresar su pensamiento y confesar sus ideas, ya sea como un científico social, o como un hijo de la Iglesia; que reprocha; a veces con justa razón, los desaciertos históricos, que como institución ella ha tenido en diversos momentos de su historia.

No vamos a discutir que la institución eclesiástica no goza de mala prensa. Por ser la Iglesia una institución histórica y pública, siempre habrá síntomas de la desvalorización, crítica e incluso rechazo de las instituciones eclesiásticas tanto en la sociedad civil como dentro del cristianismo. El título de mi artículo: “con la iglesia hemos topado, Sancho”, es una frase que le salta a Don Quijote; como asombro frente a la Madre Iglesia y que constituye todavía un slogan con fuertes raíces en nuestra sociedad, que refleja la importancia y el prestigio que los sociólogos, políticos y estudiosos de la sociedad conceden a la Iglesia, como factor sociopolítico y sociocultural.

Estos nos lleva a comprender del por qué los ataques, rechazos, críticas e impugnaciones por un lado, y las defensas cerradas, las apologías y las alabanzas que suscita la iglesia y sus instituciones en las distintas esferas de la sociedad

La naturaleza de la Iglesia.

La iglesia es santa y pecadora y eso la hace humana y perfectible, pero también ella es, por la naturaleza de su misión, verdadera expresión del Reino de Dios entre los seres humanos.

Me parece muy oportuno establecer como punto de partida, ciertas “notas” (via notarum) sobre el carácter razonable de la afirmación creyente sobre la Iglesia. Esto, porque creo que el sr. Andrés Pérez, toma hechos aislados, periodos históricos sueltos de la Iglesia, y los cuestiona justificándolos sólo en su razón histórica y circunstancial, pero no da argumentos teológicos; que sería los más acertado; ya que la Iglesia no es un simple conjunto de instituciones y estructuras, representando el poder religioso en la sociedad. La historia de la Iglesia y sus formulaciones de fe, nunca han corrido de manera paralela a una historia profana, cuál apéndice, sino que han sido parte de un todo en la historia y civilización de occidente. La cristiandad ha sido en cierto modo, hasta entrada la modernidad, la cultura y la civilización del occidente cristiano, con sus virtudes y defectos. Desde el edicto de Milán (año 313 d.C) la Iglesia tuvo que enfrentarse al desafío constantiniano de la fe y por ende, a la tentación del poder político.

Las circunstancias históricas pusieron a la Iglesia en el ejercicio de su papel cohesionador y legitimador en la sociedad; y es en razón de su fe y misión, que la Iglesia tuvo que asumir una actitud apologética; formulando sus credos, siempre en respuesta a los cuestionamientos y demandas de un mundo en cambio. El papel de la Iglesia en este sentido, ha sido magisterial y preservador de la fe, tal como la recibiera de Jesucristo y la heredaran los apóstoles.

La eclesiología neotestamentaria es plural y multiforme y los tratados acerca del misterio de la Iglesia, dan cuenta de modelos eclesiales que expresan dinámicas y carismas muy diversos. Una es la Iglesia jerárquica, jurídica; institución histórica autosuficiente (societas perfecta), que predomina hasta antes del Concilio Vaticano II, y que tiende a aparecer frente a la mentalidad popular como la “Iglesia oficial”.Esta constituye un “poder fáctico” en la sociedad y sobre la que ejerce un influjo considerable, a pesar su la secularización y el proceso de desconfesionalización. Este es el modelo que parece incomodarle mucho a Andrés Pérez.; es su imaginario medieval. Otra es la perspectiva comunional de la Iglesia antigua, que recupera el Concilio Vaticano II, y que fluyen de los frutos del movimiento bíblico, patrístico y litúrgico; ésta se caracteriza por la eclesiología total: la unidad está antes que la distinción, la variedad ministerial se basa y se alimenta en la riqueza neumatológica y sacramental del misterio eclesial; la Iglesia Pueblo de Dios. Andrés Pérez ve atisbos de este modelo; pero en algunas representaciones muy controversiales por lo demás; de corrientes teológicas emergentes.

La verdadera naturaleza de la Iglesia no radica en sus estructuras de poder, o doctrinas, sino en la Pascua histórica de Jesús. Palabra y sacramento, constituyen la substancia de la Iglesia, su razón de ser, lo que ella trasmite por nuestra salvación. Estos son los dos aspectos integradores de la eclesiología. Pero agreguémosle a esto, la animación del Espíritu Santo, para que la palabra y el sacramento no se conviertan en una mera búsqueda religiosa.

El Símbolo Apostólico

Según el símbolo Apostólico las notas de la Iglesia son: Unidad, Santidad, Catolicidad, y Apostolicidad. Las cuatro constituyen expresiones diversas de la presencia del mismo Espíritu de Dios que anima a su Iglesia (“Spiritui Christi eam vivificante”LG 8). La fe en la Iglesia es en consecuencia una explicitación de la fe en el Espíritu Santo, tal como lo expresa la famosa frase de san Ireneo: “Donde está la Iglesia, allí está el Espíritu de Dios y en donde reside el Espíritu de Dios, allí está la Iglesia y toda la gracia” (Adversus Haereses, III, 24, 1.). Esto se confirma en el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica al tratar el tema de la Iglesia dentro del Capítulo sobre el Espíritu Santo (I,cap.3.9). Estas notas de autenticidad eclesial y que son distintivas en el Símbolo de los Apóstoles(“Credo…Ecclesiam”);nos hacen afirmar que creemos que existe una Iglesia santa, (el Dios santo invisible se hace accesible a través de la visibilidad de la Iglesia, pero no de forma mágica, sino sacramentalmente)y no de creer en la Iglesia, para no confundir a Dios con sus obras y para atribuir claramente a la bondad de Dios (a su Espíritu) todos los dones que ha puesto en su Iglesia (Catecismo romano tridentino nº 750). Una correcta comprensión de las notas de la Iglesia, supone una clave de lectura neumatológica que vincule a la Iglesia con el Reino de Dios como criterio extraordinario de autenticidad.

La catolicidad de la Iglesia no significa de otro modo, la asignación de ningún derecho especial a la expansión conquistadora por parte de la Iglesia, sino más bien el derecho de todos, sin distinción de raza, de sexo o de clase, a recibir por igual el don de Dios en el pleno reconocimiento de la igualdad fraterna universal ante Dios, y con el absoluto respecto de todos los derechos humanos. No se puede confundir, ni la Iglesia, ni a la Iglesia con una catolicidad legitimadora de una teocracia que le permita desconocer los derechos del otro, bajo el pretexto de los “derechos divinos” propios. La misión católica de la Iglesia está, regida por el Espíritu, que tiene una dimensión universal; no marginador de nadie, que animaba a Jesús y que se expresa en la kénosis divina.

Los errores de Andrés Pérez

a) La naturaleza de los dogmas no tiene ningún sentido por si mismo, sino en cuanto expresiones de fe de la Iglesia. Pérez Baltodano parece apoyarse en el diccionario de la lengua española, para sacar una conclusión definitiva del concepto, al decir que… “en realidad los dogmas son definiciones normativas elaboradas por hombres de carne y hueso”. Es sólo a partir del siglo VII que comienza a usarse el término dogma en el sentido de doctrina de fe. Aún así, los teólogos medievales prefieren el uso del término Artículos de fe (Artícula fidei). El texto griego original del Nuevo Testamento usa el término édóksen (Hch. 15,28) y que se traduce como: “Es el parecer del Espíritu Santo y el nuestro…” es el parecer del Espíritu Santo y de los apóstoles, responsables de la comunidad, el que decide y hace autoridad cuando hay opiniones divergentes, después de una discusión en donde los responsables exponen su posición y buscan la guía y la orientación del Espíritu Santo. Este es el carácter normativo de la fe del que habla Pérez Baltodano, y que no por ser el resultado de un concilio de hombres de carne y hueso, no tenga validez teológica ni espiritual.

Es fundamental destacar, para corregir el eclesiocentrismo de la visión sociológica de Andrés Pérez, que el sentido de dogma hace referencia a la decisión de los responsables de la comunidad, guiados por el Espíritu, para asegurar la unidad de fe de esa comunidad. El dogma tiende a mantener la unidad de fe en las circunstancias cruciales. Pero siempre en función de la verdad salvadora (veritas salutaris) del evangelio. Esta referencia hace que la fidelidad al dogma no se convierta en dogmatismo, que es la confusión que tiene Pérez Baltodano.

b) En los dos caminos que ofrece Pérez Baltodano a la Iglesia frente al futuro; en el de la fe fundada en la razón, -y por el cual el se inclina- cae en el racionalismo naturalista que derivan del agnosticismo y del teísmo kantiano por un lado y el positivismo comteano por otro. Este racionalismo liberal tomaba como único punto de partida la razón y la verdad verificada por métodos propios de esa misma racionalidad. Tal tipo de racionalidad no admite más autoridad, en la búsqueda de la verdad, que las luces propias objetivamente analizadas. La fe no rechaza a la razón, pero no es su punto de partida frente a las verdades de fe. La fe de la Iglesia se alimenta de la revelación y busca comprender en la razón.


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La muerte de un Dictador


CUANDO EL COCODRILO DEJO DE LLORAR


El cocodrilo es un reptil depredador, que habita en grandes río de zonas intertropicales. Siempre está al acecho de cualquier victima que caiga en sus mortíferas mandíbulas. Posee técnica de cacería que puede sorprender en el acto sin que nadie se le resista. En tanto la atrapa, no existe ninguna posibilidad de escapar de ser triturado y deglutado. Existe una fábula que cuenta que una vez que el cocodrilo devora a sus victima y se las traga, este arroja lágrimas como dando muestras del pesar causado a su presa. Verdad o no de esta fábula, lo cierto es que el cocodrilo es un reptil con el que hay que tener mucho cuidado y observarlo desde lejos, porque su actitud, serena y pausada pero altamente traicionera, de pronto se puede convertir en una acción de las más violentas y mortales.

En Santiago de Chile, el día 10 de Diciembre, en que paradójicamente se conmemora el día Internacional de los Derechos Humanos, dejó de existir el General Augusto Pinochet Ugarte, victima de un paro cardiaco. El veterano militar pasó a formar parte de la galería de dictadores que cambiaron el rostro de la democracia de los países del sur de América Latina en los últimos treinta años, pero que se erige como uno de los más controversiales dictadores, sangriento y déspotas que haya conocido la historia de Chile. Fue nombrado por el extinto presidente Salvador Allende, como comandante en Jefe del Ejercito de Chile, por ser un hombre que dio muestras de confianza al presidente para ocupar tan alto cargo. A continuación del golpe militar del 11 de Septiembre de 1973 salió a la luz la actitud vil y traicionera de un General que traicionó la voluntad de un pueblo, para obedecer a mezquinos intereses de una minoría oligarquica. Más de tres mil personas cayeron victimas de torturas, desapariciones, y fusilamientos, sin contar la gran cantidad de ciudadanos que tuvieron que dejar su tierra y a sus familiares para marcharse al exilio, como tantos otros que debieron soportar la deportación dentro del territorio nacional, siendo forzados a vivir en el árido desierto del Norte chileno o en las australes y fría tierra del Sur, donde algún pueblo, casi perdido en el mapa, sirvió de cárcel. Hombres, mujeres, jóvenes, intelectuales, obreros, artistas, campesinos, dirigentes sindicales, académicos, estudiantes de secundaria y universitarios; todos, sufrieron la horrible pesadilla de ser un “preso político” y soportar torturas y vejámenes, condenados por el simple hecho de pensar distinto y tener un sueño: el de ver a un Chile con más justicia e igualdad sin distingos.

El General Pinochet, jamás quiso reconocer ni aceptar su responsabilidad e implicancia por las torturas y crímenes en la “Caravana de la Muerte”, “Operación Cóndor”, “Operación Colombo” y los centros de detención y tortura clandestinos manejados por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) instalados en Villa Grimaldi; fueron verdaderos atentados contra los Derechos Humanos. Siempre esgrimió el argumento de una guerra contra el marxismo, al que había que arrancar de raíz, Asumió la actitud mesiánica de creer que su misión de salvar a Chile del marxismo-leninismo, se la otorgó la providencia y frente a eso él no se podía retractar, ni menos pedir perdón a los familiares de los torturados, exiliados, muertos y desaparecidos.

A diferencia del cocodrilo depredador, que según la fábula, derrama una lágrima por sus victimas, el viejo General, fiel a su formación y disciplina militar prusiana, siempre demostró ser inmune frente al dolor y al desgarro de madres, padres, hermanos, amigos y parientes; de los que por creer en un Chile diferente, fueron acusados injustamente, y sometidos a procesos militares sin el menor grado de conmiseración.

Chile vivió los años más amargos de su historia; bajo una dictadura impía y atroz, manejada por el General Pinochet y con el beneplácito de la Derecha oligárquica. Es verdad, Chile ha cambiado del cielo a la tierra en los últimos veinte años, su desarrollo económico ha sido sostenido, y se ha puesto a la cabeza de los países de América Latina con un modelo económico digno de imitar, pero el costo social que se tuvo que pagar para cambiar el rostro político económico y social de Chile, significó vidas humanas. Los dioses del mercado se cobran los beneficios y el desarrollo de un país con vidas humanas, y siempre son los más pobres los que sufren y pagan el precio del sacrifico del altar. Pinochet ya no está, el cocodrilo dejó de llorar, dejó una huella, pero no para seguirla, como las que dejan los grandes maestros espirituales de la historia, sino para tomar conciencia que a partir del dolor de tantos y tantas personas que sufrieron, bajo las mandíbulas del cocodrilo, nunca más en Chile, ni en ningún otro país de nuestra América morena, se vuelva a repetir la confrontación fratricida, ni hayan más sacrificios humanos, ni a favor del mercado, ni de los imperios, sino que prevalezca siempre el entendimiento, la racionalidad, el diálogo, la capacidad del perdón, la tolerancia y la libertad de pensamiento y de expresión, en todos los ámbitos de la vida personal y social. El viejo cocodrilo se fue sin recibir los honores de un Jefe de Estado; eso deja en paz a muchos chilenos que han tenido que vivir en un Chiles dividido: el Chile de la dictadura que abortó la utopía del socialismo y recibe en abundancia los beneficios del mercado y el Chile de los pobres, que siempre esperan; como el mendigo de la parábola del evangelio, las migajas de debajo de la mesa.


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Réplica a Andrés Pérez

Los sinsentidos y falacias de Pérez Baltodano.

Me permito el derecho a una réplica; en razón del artículo del Dr. Andrés Pérez Baltodano, publicado en la página de Opinión del Nuevo Diario de Nicaragua 1/6/06. (www.elnuevodiario.com.ni)

En mi calidad de buen vecino, amante de las buenas ideas, de las gustosas letras de los literatos y de los deleitosos análisis críticos que promueven pensadores de buen talante en nuestro país; quiero hacer algunas puntualizaciones conceptuales y argumentales frente a las afirmaciones que el Dr. Pérez Baltodano deja ver en su artículo. El señor Andrés Pérez, es uno de los destacados intelectuales de elite que he tenido el gusto de conocer y leer con agrado; tanto por su rigor académico como por la lucidez de sus tesis. He seguido con atención sus artículos publicados bajo la serie de “sin sentidos y falacias”. Esta vez no puedo quedarme en silencio y necesito hacer algunas refutaciones a los planteamientos del catedrático.

La falacia es un razonamiento falso para inducir a engaños, y en esto estamos de acuerdo con Andrés. La definición más elemental de la lógica es: ciencia que estudia las condiciones o las reglas del razonamiento legítimo. En la lógica se discuten preguntas elementales como:¿Cuándo una proposición es verdadera? ¿Cuándo una argumentación es legítima? ¿Es lo mismo verdadero que legítimo? En la elaboración de un determinado discurso; sea de la naturaleza que sea, debemos tener presente los tres elementos fundamentales como son el concepto, el juicio y el raciocinio, que al usarse adecuadamente; determinan el criterio en una discusión sobre la legitimidad o no legitimidad del razonamiento y su validez en sí.

Refutación primera

Encuentro un reduccionismo en las palabras de Pérez Baltodano, al calificar la vida y la historia como un simple encuadre de piezas; cuya solución estaría en el ingenio de quien logra dar con la clave para descifrar la incógnita humana. El asunto es precisar dónde radica el peso de la verdad; si en los hechos de nuestra historia humana, y en las tradiciones por ella formada, o en un “best seller” cuya historia-ficción se basa en una trama seudocientífica y conspiracionista.

Temo que el Dr. Pérez Baltodano, cayó en la trampa de su propio silogismo resbalándose en su argumentación; para dar contra las mismas falacias que el está tratando de destruir, haciéndolo así perder su objetividad científica en el análisis que nos quiere presentar. Se confunde con erupciones novelescas, literarias y cinematográficas ligh, que se empeñan en pulverizar las grandes tradiciones y los metarelatos legados por la modernidad. La teología humanoide y secularoide que se entreteje en el código Davinci, no tiene, ni nunca tendrá la suficiente altura para poner en tela de juicio la fe cristiana y el rol que la Iglesia ha jugado en el depósito de la fe y de la historia política y cultural de Occidente. No hay peor cosa que un sociólogo haciendo teología o un teólogo haciendo sociología, es mejor tomar la distancia debida y no confundirse, pues es más creíble un teólogo confesando su fe y un sociólogo postulando su teoría, que un Dan Brown, queriendo poner a Jesucristo como protagonista principal de un “Thriller”. La historia de occidente, su herencia cultural y su imaginario social; que llegaron a conformar el proyecto humano de la modernidad, no se sustentan en postulados tan novelescos. La historia es más compleja, pero no es un rompecabezas, la historia la hacemos en libertad y por la libertad, por eso se hace dialéctica, no está determinada por en piezas prefabricadas. San Agustín, Voltaire, Machiavelli, Vico, Hegel, Kant, etc. nos dan una perspectiva filosófica irrefutable de la historia, no podemos perder sus referencias

Refutación segunda

El problema de la Iglesia con el cógido Davinci, no es académico, ni de imprecisiones históricas; en esto estamos de acuerdo, pero donde Péres Baltodano llega a conclusiones no legítimas, es en la afirmación de que el problemas es sociológico y político, esto me parece mas bien un anacronismo. La Iglesia, no controla la voluntad de las personas, ni su libertad de tomar decisiones en la sociedad; el poder monolítico y hegemónico de la Iglesia, muy propio de la Edad Media se rompió entrada la modernidad. Los concilios de Trento y Vaticano I, sirvieron de antecedentes para que la Iglesia en adelante, viera el mundo y a la persona humana con otros ojos. El concilio Vaticano II mostró una Iglesia con rostro nuevo, más abierta y dialogante con el mundo moderno. Las personas, son libres de decidir y de pensar, de leer y de investigar, de actuar y disentir, en cualquier materia. Lo que la Iglesia discutirá y dirá su palabra siempre, es en torno a los dogmas fundamentales que sustentan nuestra fe y a los aspectos éticos que tiene que ver con el comportamiento moral del ser humano; dentro de los límites de la convivencia social y civilizada. El código Davinci, entraña un problema teológico y dogmático que toca los aspectos cristológicos, mariológicos y como tal, eclesiológicos; distorsionando el verdadero sentido simbólico y el significado teológico que ello encierra. La iglesia, conserva en museos y en bibliotecas de renombre mundial; toda la historia de la fe cristiana y guarda los documentos conciliares, magisteriales y canónicos, sin ninguna necesidad de ocultar ningún secreto. La Iglesia nunca se opondrá a cualquier obra que tenga peso y seriedad académica, y que a la vez aporte al conocimiento humano, sobre todo en el campo de lo religioso. Las obras de los filósofos de la sospecha y su ateismo militante: Marx, Nietzche, Freud, Sastre y que hablaron de la muerte de Dios; sirvieron a la Iglesia para fortalecer la fe y enriquecer el dialogo Fe y Razón. Sus obras filosóficas, no se quemaron, ni se excomulgó a ninguno de ellos. Quién ha hecho una opción de fe, y sigue los postulados del cristianismo, lo hace en libertad y respeto hacia la Iglesia, no como a cualquier institución, sino por lo que ella representa en la historia y en la fe. Sólo quién vive su fe en comunión con la Iglesia, puede entender el espíritu que la anima, como sacramento de salvación

Refutación tercera.

En mis estudios de Historia Eclesiástica, no conozco datos que me indiquen que la santa sede haya mostrado alguna vez horror ante el interés masivo por los estudios acerca de la persona de Jesús, o la Iglesia-institución. Abundan los estudios histórico-crítico en torno al Jesús histórico. La ciencia histórica es utilizada para investigar los sucesos relevantes de la vida de la Iglesia en sus dos mil años de existencia; yo mismo he sido un teólogo que desde mi opción creyente y una pertenencia eclesial, he podido investigar sin censura, el misterio de Dios, de Cristo y de la Iglesia sin engaños. La Iglesia está muy clara que las fuentes de donde brota el testimonio en torno a la persona de Jesús son los evangelios, y sobre ellos existen diversidad de estudios queriendo explorar una “vita Jesús”, que sin el conocimiento suficiente de los instrumentos histórico-crítico, pueden conducir a conclusiones equivocadas. En esto, el método racional ha jugado un papel fundamental, pues la ciencia ha contribuido de manera significativa en los resultados de diversas pesquizas. No entiendo que un intelectual de la altura de Pérez Baltodano afirme que la Iglesia, con dos mil años de historia, y con una contribución invaluable de legado intelectual al pensamiento occidental, piense que la Iglesia tiene la fe reñida con la razón. Respecto a este dualismo, lo padres conciliares, rechazaron en el Concilio de Trento el fideísmo, corriente que pretendía negar la razón en la fe. Ya el gran san Agustín afirmaba en el siglo V “crede ut intelligas”: cree, para que entiendas o “Fides quaerit, intellectus invenit”: la fe busca, el entendimiento encuentra. Sobre esto, invitaría a Dr. Pérez Baltodano a examinar la Encíclica del Papa Juan Pablo II “Fide et Ratio” de 1988, donde el Santo Padre aborda el tema de las relaciones entre la fe y las disciplinas racionales. Si Péres Baltodano desconoce esta tradición académica de la Iglesia, entonces es una falacia decir que la Iglesia manipula la fe y son disparates sus dogmas, al querer comparar el Código Davinci con los documentos dogmáticos emanados del Magisterio Eclesiástico. Estimo que este intelectual no domina bien el concepto “Dogma”, y sustenta su comprensión del término en una posición más bien protestante trasnochada y subjetiva. Tampoco tiene una clara comprensión del concepto de Infalibilidad papal, decretado por Pío IX en el Concilio Vaticano I, que afirma que el Papa es infalible ex-cátedra, pero esto también alcanza a todo el Episcopado en materia de fe y de moral. Los dogmas de la Iglesia no son tonterías, ni inventos caprichosos de mentes desocupadas y fanáticas, que para sostener sus creencias se apoyan en la imaginería volátil. Los dogmas son símbolos y ellos son el resultado de siglos de debates y reflexión teológica,; que la Iglesia ha debido consensuar en postulados de fe fundamentales; bajo el signo del Espíritu y la inteligencia de la fe. Los dogmas se sostienen en la Sagrada Escritura, en la Tradición de la Iglesia, en el depósito de la fe, y en la fecunda reflexión teológica de grandes teólogos de la Iglesia. Finalmente, por el desconocimiento teológico del Dr. Pérez Baltodano, sobre el misterio Pascual, y el kerigma de la Iglesia, es una falacia decir que el cristianismo y la fe no necesita al Jesús resucitado. Es precisamente aquí donde radica la diferencia, entre la racionalidad de la fe cristiana y otros grandes maestros espirituales. El cristianismo se ofrece al ser humano como experiencia de salvación en la gracia, en un don, y para ello necesita la fe y la memoria del Resucitado. Nadie puede poner su proyecto de vida y la trascendencia de ella, en un muerto, ni en un hombre cualquiera, eso sería pura ideología, pura inmanencia. San Pablo dice en su carta a los Corintios: “Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe”(1 Cor. 15, 14)

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