martes, 18 de junio de 2013

La identidad universitaria








CARTA SOBRE LA IDENTIDAD UNIVERSITARIA[1]

Guillermo Gómez Santibáñez
Director del CIELAC



Introducción

La universidad, como Institución de Educación Superior, o bien puede ser un ámbito donde se liberen los espíritus y se desplieguen en humanismo y razón, o bien, donde los espíritus se vuelven cautivos y se acomoden al adiestramiento de un interminable ejercicio de seudosaberes, que lo único que logra es reproducir relaciones de poder social y político frente a un sistema dominante y excluyente
Estoy plenamente convencido que la UPOLI es una Universidad distinta; con una Identidad bien definida y una trayectoria universitaria probada. A casi medio siglo de su presencia la UPOLI tiene argumentos, tradición y memoria para esta verdad.
Una primera razón que fundamenta esta afirmación es que la UPOLI es la segunda Universidad privada y de servicio público más antigua del país, después de la UCA, que obedece a un proyecto educativo de inspiración cristiana, constituyéndose también en la primera Universidad de tradición protestante. Esto marcará en la formación profesional universitaria una visión cristiana del mundo y de la sociedad, pero bajo un horizonte ecuménico, de profundo respeto por otras opciones creyentes. En este sentido, el proyecto educativo de la UPOLI propicia una perspectiva laica de la sociedad, pero basada en una ética cristiana donde la vida humana adquiere un valor trascendente en profunda armonía con el medio ambiente y de respeto a los derechos fundamentales de las persona.
Una segunda razón, es que los principios sobre los cuales se funda la UPOLI son los que se profesan en los artículos de fe cristianos proclamados por la Reforma Protestante y a los cuales la UPOLI se adscribe en tanto institución cristiana de educación superior respaldada por la Convención Bautista de Nicaragua.
La UPOLI, aunque es autónoma y sus políticas y toma de decisiones no son mandatadas por la Convención Bautista, sino por un Patronato universitario independiente, mantiene con ella fuertes vínculos de fraternidad de identidad y de cooperación claramente definidos por la trayectoria, compromisos de fe y membrecía evangélica de sus directivos. Mucho de la filosofía institucional, de la visión y misión de la UPOLI, está impregnada por el modelo de vida cristiano y Bautista, que se traduce en una ética del servicio y en una ética del amor al prójimo, de acuerdo al consejo bíblico. De aquí su lema: “Sirviendo a la Comunidad”.
Y una tercera razón que fundamenta la identidad de la UPOLI es que su modelo cristiano de educación, se inspira en el estilo de vida de Jesucristo como constructor de paz. La UPOLI mantiene en su currículo académico el valor transversal de educar para la paz.
Independientemente a los programas sobre la paz, auspiciados por la ONU, la UNESCO, el Consejo Mundial de Iglesias, o la producción de las teorías de Conflicto en el contexto de los Estudios de paz, la UPOLI sustenta su discurso sobre la paz en el principio del Evangelio de Jesucristo, príncipe de paz. Su base es bíblica y teológica. Esa matriz, sin embargo, no niega las producciones científicas desarrollas en torno a las teorías modernas sobre la guerra y la paz, el conflicto y la violencia, que arrojan luz sobre los abordajes metodológicos y los procesos de construcción de paz y desarrollo en nuestro mundo herido por la violencia.
La Universidad en su misión educativa se compromete con el desarrollo integral y sostenible de la sociedad y para esto es preciso una educación para la paz. Sin educación para la paz no puede haber cultura de paz:
“la paz no es algo que deseas, es algo que construyes, algo que haces, algo que eres, algo que das” (Madre Teresa)
La paz que anhelamos debe traducirse en acciones concretas y cordiales (esta palabra viene de kardio, corazón) mediante el diálogo, el respeto y la tolerancia, y no en acciones contrarias, discordiales o discordantes (la discordia es la diosa de las rupturas y de las confusiones humanas) que usan la violencia para imponer la paz mediante el dominio del otro.

La  función de la Universidad, su identidad y su visión cristiana de la sociedad.
La función de alguien o algo se puede entender como la capacidad de actuar propia de los seres vivos y de sus órganos, y de las máquinas o instrumentos, en el caso que nos ocupa aquí, la función de la universidad tiene que ver con aquellas actividades u operaciones que se convierten en los medios por los cuales la entidad universitaria alcanza sus objetivos.
Los objetivos de la universidad deben estar en consonancia con las funciones que desarrolla y articulados por su identidad, cuyo elemento esencial es la misión.
& La  función de la Universidad
Las funciones esenciales que se le ha asignado históricamente a la universidad son: la docencia, la investigación y el servicio. Estas tres dimensiones constituyen misiones fundamentales que hacen que la Universidad tenga como objetivo servir al ser humano y a la sociedad. Creo que no existe una explicación que justifique mejor la razón de ser de la universidad que la transformación de la sociedad en todos sus ámbitos.
Sin extendernos mucho en estas tres misiones esenciales de la universidad, voy a resumir lo siguiente:
a)    Investigar: es una palabra que procede del latín In vestigium ire y cuyo sentido elemental es el de “averiguar o descubrir alguna cosa”. Cuando esta palabra se aplica al campo de la ciencia, la investigación adquiere el carácter de un procedimiento reflexivo, sistemático, controlado y crítico, cuya finalidad es descubrir fenómenos, hechos, relaciones y leyes presentes en la realidad. (Ander-Egg: 1995). En palabras más simples, la investigación es descubrir la verdad que se hace presente.
Hoy día en la universidad ya no se quiere una cultura memorística, sino reflexiva, creativa, donde el conocimiento y la verdad científica sean verificados. Desde esta perspectiva, la función del académico universitario está orientada hacia la búsqueda de la verdad presente (conocida) y a la vez ausente (ignorada)  a fin de que la ciencia avance (Navarro: 2001).
b)    Docencia: palabra que procede del latín docere (enseñar) y de la cual derivan las palabras doctrina, doctor, documento y dócil. La enseñanza de la universidad son los conocimientos que se adquieren por la investigación convirtiéndose en la docencia o enseñanza de la verdad. El docente universitario o intelectual, no es el que transmite conocimientos, el conocimiento no se transmite, sino que se hace, se rehace mediante la acción transformadora de lo real y a través de la comprensión crítica del pensamiento. Este ejercicio cognitivo corresponde al momento de la abstracción en el acto del conocimiento. Enseñar entonces no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades de su producción o de su construcción. El que enseña, aprende al enseñar y quien aprende enseña al aprender. La enseñanza es inconcebible sin el acto de aprender como lo es también su movimiento inverso. (Freire:1970).
El filósofo Karl Jasper dice algo muy interesante al respecto:

“En la Universidad están reunidos hombres con la misión tanto de buscar como de transmitir la verdad por medio de la ciencia. Y como la verdad debe ser buscada por medio de la ciencia, la tarea investigativa sea la preocupación fundamental de la universidad... y si la verdad debe ser transmitida, la segunda tarea universitaria sea la enseñanza. Pero no la mera transmisión de conocimiento o habilidades. Ellos no sería suficiente para aprender la verdad que exige del hombre profundidad espiritual. Por tanto la formación (educación) es también quehacer universitario”[2]

El ejercicio docente lleva consigo el acto de investigar y este hábito debe ser trasmitido y contagiado a los estudiantes con el fin que estos aprendan a descubrir la verdad con sus propios esfuerzos.
El docente que sólo se limita a transmitir conocimiento, pasándolos de una cabeza a otra, sin procesar ese conocimiento críticamente, simplemente produce profesionales que sólo “saben hacer”, pero no aprenden a pensar para poder hacer el proceso de investigación hacia el interior de la verdad.
c)    Servir: Nuestra universidad tiene como lema central: “Sirviendo a la Comunidad”[3]; expresión que se constituye en un componente fundamental de su carácter de inspiración cristiana. A la base de los principios fundadores de la UPOLI, está el diseño y la visión con que la concibieron sus fundadores hace ya cuarenta y seis años y que se expresan claramente en su misión: “ser una institución universitaria de formación integral y cristiana, cuyo perfil sea el servicio público, bajo un carácter autónomo y una vocación para servir a los sectores de la juventud nicaragüense, provenientes de las clases sociales emergentes”[4].
El acto de servir y del cual la UPOLI ha hecho su lema institucional, no es un simple slogan, el verbo “servir”, inspirado en el llamado del evangelio, para seguir el ejemplo de Jesús de Nazaret, tiene una profundidad teológica de enorme trascendencia, que orienta el proyecto educativo de la Universidad Politécnica de Nicaragua. El impacto de esta expresión se deja ver de manera muy clara, en la misión, visión, fines y principios; estipulados en sus Estatutos y Reglamentos y que por razones de la extensión de este escrito, simplemente lo remito a su referencia (Artículos, 3,4,5,6,7 de los Estatutos y Reglamentos de al UPOLI 2010 y sus respectivos incisos).
Sin embargo, no quiero dejar la ocasión para subrayar que el sentido teológico del servicio, más allá de las palabras, tiene su enfoque en el caudal de esfuerzos que como comunidad académica podemos poner al servicio del ser humano y de la sociedad, a fin de lograr su verdadera transformación. En unos párrafos de más adelante, abordaré con más precisión algunos aspectos teológicos y pastorales que considero constituyen ejes fundamentales de la identidad cristiana de la UPOLI y de su vocación de servicio público.
Antes de iniciar el siguiente apartado, creo pertinente decir que si la docencia y la investigación son misiones inseparables dentro de la función de la universidad para que esta adquiera carácter de tal, no obstante, ellas carecen de total sentido si no tienen en la institución de enseñanza superior (IES) una finalidad al servicio de la comunidad. El legado académico de la universidad debe traducirse en una correa de transmisión de la cultura y del conocimiento científico, para, como dice Ortega y Gasset: formar un hombre culto (1976:46).
Si la Universidad no guarda, dentro de su seno, el sagrado sentido de la cultura y su saber acumulado, la esencia de su ser universitario se verá convertida en un remedo de universidad, que no educa, sino instruye, que promueve el individualismo contra una conciencia social y el pensamiento crítico, que se ocupa más por la “excelencia académica” que por los valores de la solidaridad.
& Su identidad y su visión cristiana de la sociedad.
Al llegar a este acápite, pisaremos un terreno medular respecto al proyecto de Universidad que la UPOLI ha definido y proyectado desde los días de su fundación en 1967. El origen de esta Institución de Educación Superior (IES) obedece a factores históricos, culturales, económicos e ideológicos; pero sobre todo, a la visión cristiana de la persona humana y de la sociedad, presente en sus fundadores, que concibieron la idea de una Universidad que se ocupara de la formación integral y bajo valores cristianos de la juventud nicaragüense de los sectores de clase más pobres.
A fin de sistematizar algunas ideas maestras, que se pueden construir a partir de los testimonios de algunos de sus fundadores, que viven aún, y de los registros historiográficos que ya se han podido documentar, podemos trazar algunas “notas” de la Universidad. Estas “notas” designan una señal que caracteriza algunos de los rasgos distintivos de la entidad universitaria, de su identidad, como del carisma upoliano, que es preciso subrayar como parte de su cultura institucional.
! La Identidad de la UPOLI
La identidad, ya sea individual o colectiva; de acuerdo a la profesora cubana de la Torre, es uno de los más importantes procesos de construcción de sentido (2008:25). La identidad constituye, en todos los ámbitos de la vida social y cultural, un tema de relevada importancia y de inevitable recurrencia.
La necesidad de la identidad posee un interminable registro de literatura, estudios e investigaciones, que ocupan la atención de los diversos autores contemporáneos.
Con el objeto de tener un referente conceptual sobre la identidad; que nos aproxime a su definición general, podemos decir que: “la identidad de algo es la que hace referencia a procesos que nos permiten suponer que una cosa, en un momento y un contexto determinado, es ella misma y no otra, que es posible su identificación e inclusión en categorías y que tiene una continuidad en el tiempo” (de la Torre, 2008:57).
Dentro de las identidades podemos hallar características que permiten: a) generar sentimiento de pertenencia y afirmación. b) fluidez; esto quiere decir que la identidad es un concepto construido socialmente y sus componente se transforman constantemente. c) son múltiples, por ejemplo los individuos pueden adscribir a identidades diferentes, según su contexto, de tal manera que un médico, puede ser a la vez un profesional de la salud, nicaragüense, padre de familia, esposo, hijo, si tiene a sus padres vivos, o abuelo, si sus hijos o hijas han procreado. (Diez, 2009:19)
La identidad puede tener tres niveles categoriales: 1) Identidad atribuida, es la que viene desde afuera y que otros le asignan, tanto a un individuo como a un grupo, para distinguirlo de los demás. 2) Identidad proyectada, son los rasgos propios, escogidos, los que los individuos o grupos eligen como propios y extraños pero distintivos al interior de su grupo. 3) Identidad marcada, la que tiene como finalidad producir un efecto público o político. (Diez, 2009:20).
Es importante señalar que la identidad requiere de un proceso de elaboración y selección de marcadores de identidad que sirvan de elementos portadores de autenticidad y que permite que los individuos o grupos lo consideren como propio. (Diez, 2009:20).
Como no es mi intención detenerme en un análisis de la identidad como tal, sino más bien destacar los rasgos identitarios de la Universidad Politécnica de Nicaragua, voy a subrayar los elementos más específicos que distinguen a esta entidad universitaria, en su trayectoria, y que son marcadores de identidad para saber con certeza y claridad que la UPOLI es ella misma y no otras cosa.
! Una Universidad de inspiración cristiana evangélica.
La UPOLI, aunque no lo explicita el nombre que ella tiene, es una Institución de Educación Superior (IES), fundada por la Convención Bautista de Nicaragua (CBN) y como tal lleva la impronta de una Universidad cristiana evangélica de tradición Bautista, cuyas raíces se remontan a los anabautistas[5], movimiento surgido dentro de la Reforma Protestante del siglo XVI en Europa, y cuyo liderazgo correspondió a Martín Lutero Lutero,  Juan Calvino y Ulrico Zwinglio.
Dado el carácter cristiano evangélico de la UPOLI, es correcto afirmar que los ejes teológicos sobre los cuales se articulan su identidad y su misión, se derivan de un cuerpo de artículos de fe sustentados por el Credo cristiano primitivo y  por los postulados teológicos de la Reforma Protestante del Siglo XVI en Alemania. La UPOLI, si bien es cierto, proclama los artículos de fe de la comunidad Bautista mundial en su quehacer académico, ellos no son otros sino los que se derivan de la Confesión de Ausgburgo[6], que expone de manera oficial los principios del movimiento reformista. Son XXVIII los principios de la Reforma, sin embargo, se pueden resumir en cinco sus ejes bíblicos y teológicos:
a)    La Supremacía de Jesucristo (soli Deo)
b)    La Palabra de Dios (sola Scritura)
c)    La Fe (sola Fides)
d)    La Gracia (sola Gratia)
e)    La Comunidad cristiana (El sacerdocio universal de los creyentes)
No me extenderá más sobre este último punto, simplemente quiero subrayar que la UPOLI, una Universidad de inspiración cristiana evangélica, no puede desarrollar su proyecto educativo, ni formar el espíritu humano de espalda a estos principios cristianos que le dan su identidad distintivamente Evangélica y Bautista. Es preciso recuperar lo cristiano con nombre y apellido, dado que la denominación de “inspiración cristiana”, es un término ambiguo, en tanto ello no explicita la tradición de la cual la Universidad procede y el cuerpo de principios y valores que esta profesa. Muchas Universidades se autodenominan de inspiración cristiana, sobre todo las católicas. La UPOLI, no sólo es de inspiración cristiana, sino que su origen es evangélico-Bautista.
En otra perspectiva, de acuerdo al documento fundacional de la UPOLI, elaborado por el Patronato Pro-universidad Bautista[7] (abril de 1967), el lema: “Sirviendo a la Comunidad”, como un rasgo distintivamente cristiano, tiene la consistencia de concebir una institución de alto  nivel académico que testifique a Jesucristo por medio del “Servicio a la Comunidad”. Este lema, no es una mera frase de carácter filantrópico, ni una palabra cliché; sino una expresión con un profundo sentido bíblico y teológico, que no siempre se ha entendido con toda la fuerza y significado que esto implica.
Señalemos algunos aspectos:
El concepto de servicio en la tradición bíblica  tiene una connotación litúrgica, por cuanto se vincula a las acciones rituales que reconocen la supremacía de Dios; a quién se le debe rendir culto y  hacer ofrendas agradables, pero también tiene el sentido de proyectar ese servicio de forma horizontal, para el bien de los demás, como una ofrenda para Dios que refleja el amor hacia los pequeños de Dios, los pobres.
Concretamente en el Nuevo Testamento se emplean tres términos relacionados para hacer referencia al acto de servir:
V  Diakonos: Servidor, Ministro (2 Corintios 6:4; Colosenses 1:25; 1 Timoteo 3:12), cuyo énfasis está puesto en la acción de beneficiar a los demás.
V  Doulos: Siervo, se usa también para referirse al Pueblo de Dios (Filipenses 1:1; Efesios 6:6; 1 Pedro 2:16) y tiene el sentido de sumisión, tiene la figura del esclavo. Los cristianos primitivos proyectaban esta actitud de sumisión para reconocer a Jesucristo como Señor (Kyrios) y Amo (Oikodespotes), frente a la figura humano-divina del “Cesar”.
V  Litourgos: Ministro para un servicio especial del Estado. Aunque el término es de origen profano, el sentido cristiano de éste término es introducido para significar el puente que sirve para unir lo sacro y lo profano como un reconocimiento del señorío de Cristo en todas las dimensiones de la vida humana y la responsabilidad que Dios les encomienda (Romanos 15:16).

A partir de estas breves notas bíblico-teológicas, podemos extraer algunas líneas pastorales que pueden orientar el desempeño de la UPOLI:
  • La UPOLI es una universidad de carácter confesional, cuyos principios se sustentan en la misma práctica de Jesús, el pedagogo por excelencia y cuya lección magistral es “servir a los demás” como una oblación inspirada en el amor por los más pobres y excluidos. El acto de servir, en su sentido cristiano, equivale a una ofrenda que se dirige hacia Dios como un sacrificio vivo, santo y agradable. La oblación, el acto de darse por amor, para usar un concepto ascético-cristiano, es algo que ubica al ser humanos en medio de la realidad más profunda de su existencia y lo confronta con su propia condición de necesidad y dependencia de Dios, muy al contrario de la imagen de ser humano que se construye a partir de una sociedad occidentalizada, consumista y materialista, que se apoya en el afán de gloria, de lucro y que movida por la inercia y la ignorancia sólo es capaz de experimentar la apatía espiritual.
  • Su praxis cristiana, traducida en un modelo educativo integrador de los valores cristianos, hace que la UPOLI sea una universidad de puertas abiertas, plural, democrática, tolerante con otras opciones religiosas e ideológicas practicadas por sus estudiantes, docentes y administrativos. Su firme convicción respecto a estos principios humanistas y cristianos, hacen intransable su proyecto y misión frente a cualquier prebenda o condición. (Líneas generales de organización y funcionamiento de la Universidad Bautista de Nicaragua, abril de 1967).
  • La UPOLI es una universidad de un perfil ecuménico, siendo ésta de confesión cristiana evangélica. No discrimina, ni excluye a quienes se insertan como profesionales en su proyecto educativo, procedan de la tradición religiosa que sea. Su capilla, ubicada como un símbolo de identidad cristiana en el centro del campus, ha estado siempre abierta a toda actividad cristiana, sin restricción denominacional. La ecumenicidad, es una vocación cristiana, inspirada en el mismo evangelio y en la oración sacerdotal de Jesús, cuando pide que todos los cristianos “sean uno” (Jn. 17) para que el mundo crea. El espíritu de la ecumenicidad hace posible que se disipen las fronteras, los prejuicios y la intolerancia, creando escenarios de verdadera fraternidad y un hábitat donde el “otro” ya no es un extraño, sino un hermano. Este clima de fraternidad cristiana, ha marcado a nuestra Universidad Politécnica desde sus orígenes y es un factor distintivos de nuestro modo de ser upoliano, y no se puede perder bajo ningún punto de vista.
! El Carisma de la UPOLI
La palabra Carisma (gr. Carisma), cuyo significado es don, gracia, dádiva (Ro. 1:11; 5:15, 6; 1Cor. 7:7; 2Cor.1:11), no es un término común y de uso profano, es decir, en raras ocasiones se puede hallar en el griego clásico. Lo que sí podemos afirmar es que es un término de uso paulino en el Nuevo Testamento y su significado es algo que nos llega gratis y sin merecerlo. Su sentido teológico es que lo recibido proviene de la gracia Dios, sin méritos o esfuerzo personal para lograr esa dádiva. En el sentido eclesiológico, la comunidad cristiana es dotada del don del Espíritu Santo para desarrollar la misión encomendada, y quienes se incorporan a ella por la conversión de fe y el Bautismo cristiano, reciben los carismas (dones) del espíritu para el desempeño de su ministerio.
Debo precisar que no me detendré en un análisis estrictamente bíblico-teológico sobre el tema, sino más bien resaltar que en el caso de la Universidad Politécnica, dado su carácter de inspiración cristiana evangélica de tradición Bautista, posee una determinada espiritualidad (carisma) que le da a esta institución su marca, su identidad, su clima. Si bien es cierto que la UPOLI es una Institución de Educación Superior, dedicada a la producción del conocimiento científico, ella lo hace desde cierta opción creyente, desde una visión cristiana del ser humano y de la sociedad, bajo el influjo de los valores del reino de Dios, cuyo centro es Jesucristo. Partiendo de este núcleo podemos decir que en la trayectoria de nuestra Universidad, el carisma upoliano, viene dado por una cierta práctica de koinonía cristiana, que se ha traducido con el tiempo en acciones concretas y distintivas de solidaridad. En un sentido cristiano, para que haya solidaridad es necesaria que haya koinonía y la koinonía cristiana tiene dos vertientes: una mística, en tanto que ésta vive una comunión en Cristo y en el Espíritu; y otra social, mientras ésta se da relacionalmente bajo el servicio mutuo y la corresponsabilidad. La dimensión carismática de la UPOLI, en tanto comunidad académica, sociológicamente identificable, deriva de una plena y auténtica comunión (koinonía) y relación frontal con Jesucristo. Todo el sistema de relaciones de poder y autoridad en la comunión universitaria están dados por esta dimensión carismática inspirada por el Espíritu de Cristo vivo y presente en nuestra Universidad.
¿Cómo se traduce socialmente en nuestra comunión universitaria la koinonía cristiana? Yo me atrevería a decir, sin temor a equivocarme, que ésta se testimonia en la solidaridad. La razón que me asiste para esta aseveración es que la solidaridad, que es otra manera de llamar al amor, y según San Pablo el camino más excelente, es esencial al cristianismo. La práctica cristiana de la primera comunidad, según Lucas en los Hechos de los Apóstoles, es que algunas de sus acciones fundamentales la iglesia primitiva las hizo en clave de solidaridad. Primero, pusieron todas las cosas en común (Hch.2:42-47; comunidad de bienes). Segundo, Servicio Social a los Pobres (Hch. 6:1-7; Obras de  Misericordia). Tercero, Ofrenda para los necesitados (Hch. 11:27-30; Colectas solidarias).
La vida fraterna y solidaria que se expresa socialmente en una estructura institucional, denominada de Inspiración cristiana, necesariamente está determinada por una relación de solidaridad horizontal ligada a una experiencia de fe comunitaria con Jesucristo y que sería la comunión vertical que verdaderamente verifica que: “El que no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor” (1Jn. 4:8). El carisma o la espiritualidad de la solidaridad, es una práctica constante en la trayectoria de nuestra Universidad; esta se puede verificar en acciones concretas con la oportunidad y posibilidad que muchos estudiantes, de niveles sociales pobres tienen, al poder optar a una carrera universitaria con un sistema de becas y de aranceles, comparativamente más accesible en relación a otras universidades. El programa de Extensión es otro testimonio evidente que el carisma de la UPOLI hace justicia a su lema: “Sirviendo a la Comunidad”, que no es otra cosa que poner en práctica la koinonía cristiana, en su dimensión diaconal (servicio social) y horizontal expresada en la solidaridad.

Bibliografía
  1. Ander-Egg, Ezequiel, (1995) Técnicas de Investigación Social, Editorial Lumen, Buenos Aires, Argentina
  2. Navarro, Abarzú Ivan,(1990) Bases filosóficas para una renovación pedagógica, Ediciones Paulinas, Santiago de Chile
  3. Freire, Paulo, (1970) Pedagogía del Oprimido, Santiago de Chile
  4. Jaspers, Karl,(1959) La idea de la Universidad, Buenos Aires,
  5. Estatuto y Reglamento General de la UPOLI, Managua, 2010
  6. Sembrando con Lágrimas…Cosechando con regocijo (2007) Universidad Politécnica, Managua, Nicaragua
7.    De la Torre, Molina Carolina (2008) Las identidades: una mirada desde la Psicología, Ruth casa editorial, La Habana, Cuba.




[1] El presente texto es parte de un documento más extenso titulado “La Universidad y la producción del conocimiento”, sin publicar, y que escribí hace dos años. Tiene algunas pequeñas modificaciones que no altera el texto, ni el sentido original.
[2] Jaspers, K. (1957) La idea de la Universidad, Buenos Aires, pp. 394-428
[3] Artículo n° 3 Estatuto y Reglamento General de la UPOLI, 2010
[4] Sembrando con lágrimas, cosechando con regocijo, UPOLI, 2007, p. 118
[5] Los anabautistas o “rebautizadores”, tienen su origen en una variedad de grupos religiosos que cohabitaban al interior de la reforma religiosa del siglos XVI, y que manifestaban su inconformidad con Zwinglio y con su programa de reforma sostenido por el Estado. De acuerdo con teorías sostenidas por historiadores bautistas, la que más sustento tiene sobre el origen de este movimiento es la teoría sobre la restitución separatista, en la que se que establece que el movimiento anabautista se remonta al siglo XVII en Inglaterra como una fase del movimiento separatista, que a su vez surgió del puritanismo. Rechazaron el bautismo infantil y reinstalaron la inmersión como verdadero bautismo bíblico.
[6] La Confesión de Ausgburgo constituye la primera exposición oficial de los principios luteranos que será llamado posteriormente protestantismo. Fue redactada en 1530 por Felipe Melanchton para ser presentada en la Dieta de Ausgburgo (ciudad del Saco Imperio Romano Germánico) ante la presencia de Carlos V. Todavía hoy es considerado uno de los textos básicos de las Iglesia Protestante de todo el mundo y forma parte del Liber Concordiae luetrano.

[7] El documento del Patronato Pro-universidad Bautista registra el lema “Sirviendo a la Comunidad”, frase acuñada por el Rev. Valdo Galland y que el Dr. Herrara, Rector fundador, confirmaba en una carta del 13 de mayo de 1967 como un lema certeramente evangélico, ubicado en nuestra realidad y muy distinto  las frases latinas de las universidad históricas y públicas un tanto poética.

viernes, 5 de octubre de 2012

HABLEMOS DEL SENTIDO DE LA VIDA



HABLEMOS DEL SENTIDO DE LA VIDA

Guillermo Gómez Santibáñez
Teólogo, profesor de Filosofía y Director del CIELAC/UPOLI

Si ustedes me lo permiten, quiero hacer un intento de poner, en pocas líneas, una reflexión sobre “la búsqueda de sentido”; un tema que generalmente es objeto de preocupación e interpretación religiosa, pero que sin embargo, no deja de estar presente también en las conversación cotidianas de mucha gente, que frente a cada circunstancia de la vida personal, busca el sentido de la vida como un horizonte o referente para su existencia.
La pregunta por el sentido de la vida no es nueva, es de vieja data. Ya en la tradición cultural griega presocrática es posible hallarla; en las máximas de los siete sabios (s. VII a.C), que en  sus coloquios del templo de Delfos expresaban su sabiduría en frases breves e imperativas; una sabiduría gnómica (máxima), muy simple y de fácil acceso al pueblo y que servía para orientar las necesidades éticas y políticas en circunstancias de convulsión social, política y económica. En esta sabiduría se advierte una reflexión próxima al individuo y la sociedad que se acerca a la filosofía.
También está presente en el maestro Sócrates, que en su filosofía de la ciudad se interesa en el conocimiento de la virtud para practicarla en beneficio de la polis. “Conócete a ti mismo” (Axioma inscrito en el frontispicio del Templo de Apolos en Delfos) es el punto de partida de la filosofía socrática. La investigación socrática se refiere a la vida humana y en torno a ella girarán las conversaciones, indagando sobre la piedad, la justicia, la belleza, el bien, la felicidad. El conocimiento de estos temas no tenía un afán contemplativo ni especulativo, sino que buscaba el perfeccionamiento moral de las personas.
Para Sócrates la verdad se identifica con el bien moral, esto significa que quien conozca la verdad no podrá menos que practicar el bien. Saber y virtud coinciden por lo tanto, quien conoce lo recto actuará con rectitud y el que hace el mal es por ignorancia. A esta doctrina socrática, de carácter racionalista, se le ha denominado “intelectualismo moral”.
Pensadores contemporáneos, de la talla de Kierkegaard, Sartre, Camus, Jasper, Merleau-Ponty, Haidegger, Marcel, etc. también se plantearon el tema; desde los diversos existencialismos se formularon la pregunta  que interroga por el sentido de la vida, en clave ontológica. Lo que indica que para estos arqueólogos del pensamiento, la vida humana constituía la posibilidad; el poder ser en la decisión y autoplasmación; el ser humano en la singularidad de su existencia, abierto a la trascendencia.
Me llama la atención que en El mito de Sísifo, de Albert Camus, comienza con una frase penetrante: “Hay sólo una cuestión seria que la filosofía debe estudiar: la cuestión del suicidio”. Y es que la vivencia básica del hombre surge de la triple coordenada: muerte-vida-convivencia,  es donde se teje nuestra existencia. Vijver (2000) dice que el suicidio, desde su perspectiva existencial, es una metáfora del sinsentido, una metáfora de todo el  dolor humano y de las cosas incomprensibles que le suceden.
 Todos nacemos con el deseo egocéntrico de satisfacción  llamado deseo de vivir, pero la existencia nos impone un límite insuperable y frustrante del deseo: la muerte. No la soportamos, es indeseable, la negamos, la camuflamos de mil maneras (los cementerios son pequeñas ciudades, con sus calles y avenidas, ahora con formas de parques –Memorial Park - donde la muerte se camufla de modernidad) es la inconsistencia de la vida. Esta sensación que sentimos frente a la muerte, como un problema radical, nos achica, revela nuestra fragilidad, desnuda nuestra finitud, nuestro absoluto aniquilamiento. Es el miedo a la nada; horror vaqui; vaciarnos de la existencia. ¿En qué consiste la radicalidad del problema de la muerte? En que el hombre se encuentra en la existencia como el único consciente, es conciencia reflexiva, vive y sabe que vive, pero también sabe que va a morir y eso es lo que lo hace precisamente ser humano; distinguiéndolo de otras especies vivas. Esta facultad privilegiada lo convierte en el único viviente capaz de dar sentido a todo lo demás. La existencia para que sea tal necesita de una conciencia para tener sentido y esto es único del ser humano, lo hace singular, inefable, inédito e intransferible en su yo. Esto lo hace “rey de la creación”.
El problema de las coordenadas de la existencia, con la trama de muerte-vida-convivencia, no sólo la podemos ver desde la dimensión psicológica y filosófica, sino también desde la dimensión teológica: la teología de la creación, narrada por el libro del Génesis (2, 9; 3,22), nos describe dos escena: En primer lugar, la escena utópica inicial,  que ubica a Adán y Eva en una situación de vida consistente; representada por el Jardín del Edén (Paraíso en la traducción de la septuaginta) y el “árbol de la vida en medio del jardín”; como símbolo de la vida propia de Dios. El ser humano, en los personajes de Adán y Eva, vive en un estado de armonía; de perfecta convivencia, participando de la inmortalidad, característica exclusiva de Dios o de los dioses. “Ahora esto es carne de mi carne y hueso e mis huesos” (Gén. 2, 23), se identifica así el bien del otro con el propio bien. Adán y Eva tienen la libertad de ponerles nombre a los animales (Gén. 2,19-20) y comer frutos silvestres y hierbas (Gén. 1, 29-30), lo que significa que el estado de plena convivencia se extiende a la naturaleza; animales y plantas, como condición fundamental para conservar el orden de la creación.
En segundo lugar, se describe la escena de la experiencia de la realidad humana autónoma. Lo  que había sido un estado de plena armonía, de vida consistente;  de pronto se torna inconsistente; sufre un vuelco, experimenta una transmutación. En el relato,  Adán y Eva son vinculados a la decisión de comer del fruto del “árbol de la vida”. Comer del fruto del “árbol de la vida” significa el intento de fundar el sentido de la propia vida y de su plena realización en las posibilidades autónomas (Bentué 1995). Esta decisión les significó la expulsión del Paraíso (Gén. 3,23). El ser humano deberá enfrentarse ahora a la muerte, a la inconsistencia de la vida como destino ineludible de su existencia. Cerrado el acceso al árbol de la vida, (Gén. 3,24) surge la muerte y la imposibilidad de la convivencia armónica.
El hilo conductor del relato bíblico, que es un relato teológico de la historia de la salvación, nos indica las posibilidades que tiene el ser humanos frente a la inconsistencia de la vida y al desgarramiento de su existencia. No es tema de esta reflexión ahondar aquí por esa vía teológica. Lo que sí quiero dejar planteado en este ensayo es que desde una perspectiva ontológica le ha sido dado al ser humano una extraordinaria capacidad de intuición radical del sentido de su existencia, que lo convierte en el único ser capaz de preguntarse por qué las cosas son como son y no son de otro modo. Pero esta capacidad no es sólo de poder preguntarse por el ser de las cosas, sino que además el ser humano no puede vivir sin hacerse esta pregunta tan radical. Está en nuestra esencia formularnos la pregunta por el ser, que es la pregunta más radical por el sentido de las cosas, ya sea que no nos guste hacerla, ya sea que no obtengamos una respuesta. Por eso frente a la muerte, que es la metáfora de todo el dolor humano, o frente a la inconsistencia de la vida; que es el vacío existencial, provocado por la pretensión de fundar el sentido de la propia vida y de las posibilidades autónomas, conduce al realismo antropológico de enfrentar la vida con los ojos abiertos (“el día que coman del fruto se le abrirán los ojos y serán como dioses” Gén. 3,5), pero no para ver la consistencia inmortal (serán como dioses) sino para ver su propia desnudez (Gén. 3,7).
La experiencia de la segunda escena, de la inconsistencia de la vida (el vacío existencial) es tremendamente frustrante, sin embargo, la escena utópica de la consistencia de la vida, nos deja la esperanza que el ser humano es un buscador de sentido, un ser incurablemente religioso. No puede vivir sin hallarle sentido a la vida, a las cosas. Necesita comunicar ese sentido a los demás  y para sobrevivir construye metarrelatos, narrativas, historias y evoca la memoria. La construcción subjetiva del narrador, que hace posible contar historias, narraciones es un permanente esfuerzo, una lucha constante contra el sinsentido, contra el absurdo de la vida.
En un interesante texto de E. Schillebeeckx hallamos que Jesús no sólo fue un narrador de parábolas, sino que además él mismo es una parábola, es decir, su vida es una constante búsqueda de sentido; es una expresión narrativa de sentido.

Bibliografía:
Bentué, Antonio (1995) La opción Creyente, ediciones paulinas, Santiago
Camus, Albert (1985) Versión digitalizada: http://www.correocpc.cl/sitio/doc/el_mito_de_sisifo.pdf
Gómez, Santibáñez Guillermo (2009) Ensayo, Sócrates y la Filosofía de la ciudad.
Vijver, Enrique (2000) Desafíos a la Fe, CLAI pág. 83-94

miércoles, 23 de mayo de 2012

Partidos Políticos y territorialidad


Partidos Políticos y Movimientos Sociales en Nicaragua: La disputa territorial y la legitimidad democrática.[1]

Guillermo Gómez Santibáñez
Director del CIELAC/UPOLI


Palabras Claves: Política, Democracia, Movimientos Sociales.

Resumen

La reconfiguración de los escenarios políticos posdictaroriales en América Latina, ha planteado exigentes desafíos a los viejos actores políticos, acostumbrados a la extensión del  sufragio, la representatividad y prerrogativas parlamentarias. Los partidos políticos han ejercido tradicionalmente un peso enorme en el ejercicio del poder y en salvaguardar la institucionalidad, sin embargo, a partir de la década de los años 80 del siglo XX, comienzan a emerger fuertes luchas emancipatorias que reencauzan las acciones políticas en un desplazamiento que va desde la revolución social a las democracias transicionales como interpolación de los procesos sociales. Es la emergencia de un nuevo sujeto social, que redefine el lugar de la política y el lugar de la democracia.



“Es una ilusión o una hipocresía sostener que la democracia es posible sin partidos políticos…la democracia es necesariamente e inevitablemente una democracia de partidos”

H. Kelsen (1929)

Introducción
Los escenarios pos dictatoriales sobre los cuales han tenido que reacticularse los Partidos Políticos y los Movimientos Sociales en Centroamérica, han estado signados por una mala prensa de la política. El ciudadano común mira con reticencia, con desconfianza a los políticos, y ha proyectado un descrédito hacia los partidos políticos y aunque los políticos tengas distintas opciones ideológicas se cree en la práctica que todos son zorros del mismo piñal.
Siendo la política, un arma con una capacidad extraordinaria para la transformación social, y sus teorías un constructo que la convierten en una ciencia fascinante, la conducta política y la manera de hacer política, desprendida de la ética, en nuestros países Centroamericano, ha hecho que ella sea vilipendiada y opacada en  su imagen real como arte de lo posible o arte del ejercicio del poder. Quizás esto sea en parte también porque el descrédito moral del hombre político haya sido recogido por pensadores ilustres como Zweig, quien pinta la biografía de Fouché como un hombre, versátil, audaz y desprejuiciado, o porque Ortega y Gasset titula su análisis sobre Mirabeau el político pintando a un individuo que vivió en el linde de lo ilícito e inmoral toda su vida. Será también, quizás, que esto tenga que ver  con aquella frase de Lord Acton: “El poder tiene a corromper, y el poder total corrompe absolutamente”.
De todas maneras, tenemos siempre en el debate sobre la clase política y los partidos que ellos representan, un tema necesario para calibrar bajo las siguientes razones:
  1. Los partidos son imprescindibles para consolidar y profundizar la democracia en nuestra región.
  2. La ausencia de partidos organizados y el carácter efímero en muchos casos de las coaliciones electorales explican en parte los problemas de la democratización en Centroamérica.
  3. Sin los partidos políticos no pueden  existir la democracia representativa como hoy la concebimos y no hemos inventado todavía un sistema diferente que lo sustituya. No hay avance tecnológico ni instrumentos de expansión de democracia directa (plebiscito, referéndum, etc.) que nos den otra conclusión
  4. Las sociedades contemporáneas no pueden ser gobernadas por asambleas, como si estas fuesen estados ciudades relativamente pequeñas. Ellas necesitan sus representantes y las intuiciones que proporcionan esos representantes son los partidos.
  5. Los partidos políticos define la democracia.
Si todo lo anterior es verdad, entonces la institucionalización de un sistema de partidos es condición necesaria, aunque no suficiente, para la consolidación de nuestros regímenes surgidos de las experiencias de democracias pos dictatoriales.
Pero por otra parte, mientras en América Latina la democracia se ha expandido como régimen político, no debemos cerrar los ojos frente a la crisis de legitimidad y representatividad que enfrentan los sistemas de partidos políticos, como también el fuerte cuestionamiento de las instituciones públicas debido a la incapacidad para dar respuesta a las demandas más urgentes de la sociedad y a la desconfianza ciudadana hacia el Estado y sus autoridades.
La década de los años 90 llevó al poder a muchos candidatos que no se consideraban políticos y  que provenían de una atmosfera de crisis y desazón de la política tradicional. Esto condujo a profundas transformaciones, tanto como a colapso de los sistemas de partidos que jugaron un papel beligerante durante los años 70 y 80.
La agenda del Consenso de Washington produjo un desmantelamiento de la matriz estatal desarrollista de inclusión social, implementó políticas de ajuste y reconfiguró el papel del Estado subyugándolo al Mercado.
La crisis de representatividad política está referida a la incapacidad de los sistemas de partidos para generar un consenso parcial y canalizar demandas sociales. La figura representativa de los partidos y su capacidad política se vieron seriamente afectada por el conflictivo proceso de ajuste estructural y liberalización económica sobre todo porque los partidos son generadores de discursos, programas y prácticas constitutivas de acciones colectivas democráticas.
Diversos estudios sobre las imágenes públicas de los partidos políticos nos indican que:
  1. En Centroamérica la población desconfía de los partidos políticos. Esta es una opinión generalizada en distintos niveles
  2. Se piensa que se ha producido un distanciamiento entre la sociedad y los políticos
  3. Se cree por otro lado que los partidos políticos han sufrido un estrechamiento de sus funciones y que ahora deben competir con otras organizaciones, como Movimientos Sociales y ONG,s que cumplirían mejor el rol que tradicionalmente le pertenecían a los partidos.
Otro rasgo importante a señalar en este diagnóstico, es que la correlación de fuerzas en América Latina, desde los procesos de consolidación democrática pos dictaduras, han reconfigurado los horizontes políticos con el retorno de las Izquierdas al poder. La Izquierda Latinoamérica tiene, en los nuevos escenarios, una fuerza cada vez mayor y una presencia más decisiva en el escenario político. Los partidos con ideologías de izquierda, han tenido que reinventarse en medio de estos nuevos desafíos, lo que hace que la acción de sus partidos y movimientos sociales tenga un mayor protagonismo e incidencia en las esferas del poder. Este accionar político se expresa en un discurso, un liderazgo, una organización y un programa.

La  crisis de legitimidad democrática.
La legitimidad y justificación del poder estatal hunde sus raíces en el legitimismo dinástico y en la idea sacral o sacerdotal de la autoridad gobernante. El desarrollo político de la institucionalidad democrática del siglo XX es posterior a la representación religiosa del poder estatal y llegó virtualmente agotado.
La justificación del poder estatal perdió toda su fuerza persuasiva al querer legitimarse en una sociedad que promueve la igualdad y que ha desacralizado la realidad, desplegando una visión laica del mundo.
En medio de este vacío de significaciones, que le quita soporte legítimo al ejercicio del poder, el carácter democrático de la legitimidad sólo puede venir de la eficacia del consentimiento popular, de la soberanía del pueblo. Esta perspectiva de poder ciudadano, no sólo es funcional al conjunto de circunstancias sociales, sino que se convierte en una idea-fuerza que incita a la imaginación y al compromiso militante.
Un elemento legitimador que quiso sustituir el carácter mágico y la eficacia soberana del poder estatal fue el de la racionalidad ilustrada, que bajo el argumento de la especialización profesional buscó someter las decisiones colectivas a las competencias cognoscitivas. El sentido de esta perspectiva racionalista llevó a creer al tecnócrata que el derecho a gobernar está en su propia competencia y saber y no en el ascenso o la designación popular. La racionalidad técnica y científica, convertida en tecnocracia, busca la aptitud de los medios, no de la moralidad de los fines y por tanto no puede ofrece las respuestas deseadas. Poder y conocimiento sólo puede convencer al ciudadano medio porque plantea la ida de la idoneidad de los dirigentes y por que presupone que el comportamiento de éstos últimos encausará sus acciones y su desempeño político dentro de la legitimidad democrática que la investidura les demanda.
La idea  de democracia y su encarnizada lucha por apropiársela ha conducido a una desemantización del término y ha reducido el concepto a un simple nudo de connotaciones que ha generado dura resistencia a cualquier intento de aclaración o verificación.
Las vías que se han seguido para establecer posibilidades de legitimación democrática, al menos en nuestra región Latinoamericana, han sido, por un lado, la legitimidad al crédito, es decir, la que ha instalado dictaduras militares bajo el reconocimiento tácito que el régimen de fuerza es un esfuerzo represivo al servicio del rescate y defensa de la democracia. Esta legitimidad al crédito tiene un carácter de invocación al futuro para revertir el presente repulsivo y redimirlo. Esta invocación tiene un sentido sacrificial, pues la brutalidad y el horror son pasajeros para recibir la recompensa de tiempos mejores. El orden de facto amortigua la hostilidad y la desesperación de la gente aludiendo a la democracia como factor hipotético de compromiso y fidelidad a una forma política provisional para conseguir la credibilidad tanto en el plano nacional como internacional. Por otro lado, se constituye también en legitimador, la metafisización de la democracia, es decir, esta deja de ser un conjunto de métodos e instrumentos empíricos que hacen posible algún nivel de ejercicio de poder ciudadano para transformarse en una cualidad inherente a la acción de cierto agente social, ya sea clase social, etnia, partido, sindicato o movimiento social. Un elemento muy interesante de esta metafisización es el papel que juegan las vocerías de estos agentes sociales, como el de proclamar el compromiso consustancial de sus representaciones institucionales con los objetivos materiales que el proceso democrático quiere viabilizar; tales como la igualdad, la libertad, la participación, la justicia, o el bienestar popular.  En nombre de esa proclama y su vocería se erigen como  auténticos representantes  de la causa democrática e intérpretes autorizados.

El lugar de la democracia
Las corrientes minimalistas suelen definir la democracia como un mecanismo o procedimiento para la elección de gobernantes. Esta definición reduccionista de la democracia, usada principalmente por políticos, constituye un recorte institucional que facilita el trabajo, mejora las relaciones y sirve como un modo de resolución de conflictos.
El neoliberalismo, que se ha impuesto como un proceso de reforma del estado, ha  estado acompañado de un discurso que ha consolidado la democracia básicamente a un régimen procedimental, es decir, como competencia y negociación y no como construcción y aprendizaje colectivo. Bajo el procedimentalismo democrático, el neoliberalismo reedita la vieja democracia liberal en el cual los individuos aparecen un instante en la política para renovar periódicamente la entrega de su libertad al estado. Esta es una práctica ritual del mito del contrato social que viene a constituir al Estado. En la democracia liberal, el rito de legitimación y renovación del contrato social consagra la entrega de la libertad de los individuos en cada momento electoral. Bajo la mentalidad del modelo de mercado el rito es renovado y realizados por aquellos que deciden ser mediadores de la entrega de la libertad de otros. El procedimentalismo es un modo de neutralizar y reducir lo social. De aquí entonces que el neoliberalismo es la negación de la racionalidad democrática pues impide la coexistencia de varias alternativas de desarrollo imponiendo una definición monolítica de la estrategia de desarrollo económico que desmonta las formas y los espacios políticos que son un obstáculos a la transnacionalización de los procesos de acumulación y apropiación del plusvalor del relanzamiento del capital.
La reforma neoliberal en América Latina ha sido des democratizadora por cuanto ha permitido a muchos sostener una estrecha relación entre mercado y democracia (tercera ola). Esto ha significado que la democracia se ha organizado como competencia y selección en función del capital y de las élites gobernantes. En tanto los sistemas de partidos experimentaron un vacío de significado y un extraordinario predominio de los empresarios, según las demandas de sus inversiones, el neoliberalismo redefinió y rediseño la democracia de acuerdo a sus propios intereses y se convirtió en la conciencia y discurso monopólico que quiere reducir el peligro redistributivo y el de las limitaciones a la acumulación.
Un aspecto que considero necesario dejar en claro es que la democracia está incorporada en nuestro imaginario social pero ha sido delimitada al marco estrictamente electoral. Los partidos políticos han explotado muy bien esto en su beneficio. Lo que hay que señalar, sin embargo, es que la democracia no nació, ni se ha perfeccionado en la modernidad, como un procedimiento meramente electoral. De acuerdo a la tradición aristotélica la democracia es un proceso social y político que nace cuestionando la propiedad oligárquica de la riqueza y su efectiva pero parcial redistribución de la misma. La idea de democracia y su práctica, históricamente han servido como termómetro y regulador de las formas  de gobierno y su participación deliberativa de cara a reducir la desigualdad social y económica.
En el discurso neoliberal la democracia es procedimental, apela a su forma y a su contenido, pero es discontinuo en su aplicación, en su lugar y tiempo, debido a que se desplaza permanentemente. Para muchos, en principio, la democracia es resolución de conflictos, ya que se tiene la idea que aplicación y el respeto a ella deviene en paz y justicia, pero lo que en verdad sucede es que la democracia es un planteamiento de un  conflicto específico en torno a algún tipo de desigualdad existente. En esto hay un asunto clave; la democracia no es la simple solución de un problema colectivo, sino el desarrollo de una forma política que implique el ejercicio de la igualdad.
Aquí hay un aspecto muy importante que quiero subrayar; los partidos políticos, tanto de izquierda como derecha en Nicaragua, deben tener bien claro que la democracia no es la conquistar del poder para tener poder y defender privilegios, sino que el poder se conquista para ejerce la igualdad política para atacar la desigualdad social y económica entre tantas otras forma de desigualdad social. Cuando esto no sucede en la vida política, de manera regular y en la forma de gobierno vigente, entonces los impulsos democratizadores se generan de manera endógena al sistema y los conflictos son planteados por fuerzas sociales y políticas constituida o reconstituida para problematizar algunas desigualdades o algún aspecto del conjunto de desigualdades existentes.
Los procesos democratizadores pueden ocurrir cuando se cuestiona el orden establecido y sus desigualdades. Estos no siguen procedimientos, sino que los desbordan debido a que los procedimientos existen para reproducir las cosas como están ahí, donde se dan las desigualdades.
Comparto la afirmación de J. Rancieri, de llamar orden policial  al sistema institucional que mantiene el lugar para cada clase, grupo, individuo, y a la desigualdad organizada y reproducida en lugares y jerarquías.
Por eso me atrevo a decir que en Nicaragua, como en América Latina en general, no hemos tenido verdadera democracia nunca, y los llamados procesos democratizadores transicionales o pos dictatoriales y pos transicionales no han sido más que remedos de democracia. Lo que ha imperado en nuestras seudodemocracias han sido “plutocracias”. Las democratizaciones ocurren cuando se constituyen sujetos con autonomía que atacan y modifican el orden policial existente por algún lado o en su totalidad y cuando estos surgen de revueltas igualitarias o de procesos que buscan reformas en la distribución del poder político y socioeconómico para reducir su carácter monopólico.
El lugar de la democracia no está en los sistemas de partidos, ni en las urnas del sistema electoral, ni en las instituciones del Estado, esto no son más que puntos críticos de tránsito de su desplazamiento y de su expresión procesual del poder político. El lugar verdadero de la democracia está fuera del orden policial, está en su negación. Las revueltas sociales y las crisis políticas que Nicaragua ha tenido en sus últimos treinta años, no han sido más que un cuestionamiento al orden policial organizado por el sistema liberal y neoliberal que ha reproducido el eje colonial. Los partidos políticos están en crisis porque estos proceso y lugares se han vaciado de política democrática han sido presa de la corrupción y se han convertido en instrumentos funcionales al sistema que legaliza la concentración del poder y el excedente.
Finalmente, sobre este punto, el lugar de la democracia está precisamente en los tiempos de crisis. En Nicaragua vivimos esta crisis. La llamada “crisis de la institucionalidad”, de los “poderes de facto”, no es más que el planteamiento de las disputas por el excedente, la soberanía y la igualdad política producidas por la autonomía de sujetos y autonomías políticas críticas. El lugar de la democracia es hoy la disputa por la territorialidad de los diferentes grupos y movimientos sociales, algunos auténticos y otros pseudos. La democracia no tiene lugares privilegiados como un sistema de partidos, el conflicto social y la libertad colectiva trabajan y organizan su comunicación fuera del orden policial y es aquí donde se producen los lugares de la democracia como conjunto de puntos críticos. Curiosamente la democracia se reduce cuando las desigualdades se estabilizan y legalizan y lamentablemente los sistemas de partidos han sido instrumentos para legitimar las desigualdades. La democracia al ser un régimen de redistribución del excedente, necesita financiarse con parte de ese mismo excedente, pues eso demuestra su capacidad de retención política como Estado. Un Estado que no tiene capacidad para autofinanciarse no es democrático. Las actuales reforma que ha experimentado el Estado, como resultado de las política neoliberales, han entregado el excedente nacional al capital oligárquico local y al transnacional.
En Nicaragua ha sucedido que el lugar de la democracia ha sido un fuerte cuestionamiento a los ejes colonialista y neoliberales que han reafirmado el diseño que nos dice que debemos trabajar para otros y obedecer la voluntad de los monopolios.
Los movimientos sociales y la desterritorialidad de la política.
Debemos decir en primer término que el lugar de la política ha sido el conjunto de estructuras sociales y los diferentes modos de acción en que a ellas se ha respondido. Los lugares de la política son definidos por la forma de la sociedad, sus diversos escenarios de institucionalización y la acción de legitimización de de las mismas.
El Estado moderno ha complejizado y diversificado el espacio central de la política reproduciendo varios lugares de representación de los gobernados; la división de poderes y el ejercicio del poder gubernamental. Este proceso de diversificación y ampliación de los lugares de la política obedece a dos factores de desarrollo histórico del Estado; la ciudadanía y la democratización y la diversificación y complejidad estructural de lo moderno. Institucionalización y ciudadanización son dos dimensiones que se relacionan en el funcionamiento del Estado. El proceso de ciudadanización se ha convertido en el espacio de representación y legislación del Parlamento en un sistema presidencialista, bajo el reconocimiento de un conjunto de derechos políticos que se ejercen para acceder al lugar central de la política. Sin embargo, la sociedad civil también se ha constituido en un lugar donde es posible la práctica de la política fuera del Estado. La Sociedad civil es un conjunto de lugares en los que se organiza también la vida política no estatal.
En la medida en que las instituciones de la sociedad se han estabilizado y delimitado, organizándose en su diferenciación y estructura social, se han convertido en un conjunto de lugares en que se hace política y se vuelve así en puente o medicaciones de las demandas al interactuar hacia dentro de la sociedad civil y hacia el Estado.
Por el contrario, si los sujetos y prácticas de los momentos políticos de la sociedad civil que despliegan su acción en relación al Estado y la política nacional, rebasan, explosionan y desplazan esos lugares de la política, es muy probable que esté emergiendo un movimiento social.
¿Cuáles son los principales rasgos que identifican y caracterizan a un movimiento social?
La realidad de los movimientos sociales hoy en América Latina es compleja y ambivalente. A partir del quiebre del consenso neoliberal se empiezan a gestar nuevas alternativas emancipatorias que complican incluso las relaciones entre movimientos sociales y partidos de izquierda o centroizquierda.
Se suma a esto un nuevo peligro  que advierte la profundización del modelo extractivo-exportador acompañado de la acentuación de la criminalización de la protesta social, la tendencia al cierre del espacio público en nombre de la seguridad, la militarización de los territorios, la firma de liberalización comercial y el tratamiento y la aprobación algunos casos, de leyes antiterroristas en algunos países del continente.
La configuración del mapa social de A.L. ubica las diferentes luchas y movimientos sociales que plantean un serio cuestionamiento a los actuales regímenes de dominación y que se pueden clasificar en dos tipos:
1.      Movilización del sector público que ponen de relieve las fronteras de la precariedad. Esto incluye los ámbitos de la salud, la educación, servicios públicos, luchas sectoriales orientadas al Estado (ej. Las demandas del Instituto de Defensa al Consumidor, la lucha estudiantil en Chile)
2.      Movilización que ponen de relieve la exclusión. Movilizaciones urbanas y rurales de característica territorial. Se trata de luchas por demandas de infraestructuras básicas y trabajo, hasta la lucha contra el saqueo de bienes naturales y contra la contaminación del medio ambiente (ej., campesinos, indígenas, TCP.). Estas se orientan tanto al Estado como al sector privado.
Las dimensiones del Movimiento Social las podemos distinguir por lo siguiente:
a)      Territorial: este no es sólo un espacio de resistencia, sino también un lugar de resignificación y creación de nuevas relaciones sociales. UN espacio de auto-organización comunitaria, constitutivo de los Movimientos sociales.
b)      Despliegan una acción directa: no optan por lo convencional y su acción es disruptiva, como una herramienta de lucha generalizada. El agotamiento de la crisis de las mediaciones institucionales y la asimetría de fuerzas  hace surgir una fuerza destituyente que n implica una acción instituyente.
c)      Democracia directa: esta toma diversa formas a partir de la acción colectiva no institucional. Esto es por la política institucional devino cada vez más autorreferencial, ligada a una democracia delegativa, decisionista. La democracia directa adquiere una forma directa, asamblearia, horizontal, no jerárquica.
d)     Demanda de autonomía: atraviesa desde los pequeños colectivos culturales hasta grandes estructuras territoriales u organizaciones de masa. La autonomía aflora como un eje organizativo y estratégico que remite a la autodeterminación.
Finalmente podemos decir que un movimiento social emerge cuando la acción colectiva desborda los lugares estables de la política, tanto al interior de la sociedad civil como hacia el Estado. Se alimenta buscando solidaridades y aliados que avalen y certifiquen su cuestionamiento sobre los criterios y formas de distribución de la riqueza social y de las formas de organización de la sociedad, del estado y del gobierno. Los movimientos sociales tienen un tipo de configuración nómada de la política, no tienen lugar fijo, ellos se desplazan de la política institucionalizada hacia los lugares de fluidez, es decir, modos de politización de lugares sociales o conjunto de estructuras y relaciones sociales que habían sido neutralizadas o despolitizadas y por lo tanto legitimadas en su forma de organización de algunas desigualdades. Los movimientos sociales suelen hablar de aquello que no tiene lugar en la sociedad y no forma parte de la agenda social, se habla de la ausencia de lo deseable y de lo que es posible conquistar en el movimiento y en la reforma de los espacios políticos existentes. Si una acción colectiva que no circula por los diversos lugares, promoviendo sus objetivos, sus demandas, sus luchas, abriendo debates de temas sociales que son deseables y que se articulan en una ola de agitación y de desorden mediante las formas tradicionales e institucionalizadas de la política, entonces no es un movimiento social.

Bibliografía:
Borón, Atilio (2007) Filosofía y teorías políticas entre la crítica y la utopía. Pag. 49-56. CLACSO-LIBROS, Buenos Aires, Argentina.
Achard, Diego, González, E. Luis (2004). Un Desafío a la Democracia: los partidos en Centroamérica. Banco Interamericano de Desarrollo. Pp. 23-36. San José, Costa Rica.
Artiga, Gonzales Álvaro (2000). La Política y los sistemas de Partidos en Centroamérica. Pp. 11-16. FUNDAUNGO, San Salvador.
Tapia, Mella Luis (2008). Política Salvaje. CLACSO-Muela del Diablo, La Paz, Bolivia.
Ramírez, Gallegos Franklin (2008). La innovación partidista de las izquierdas en América Latina. Pp. 12-17 ILDIS-FES. Ecuador.
Svampa, maristella (2008) Cambio de Época: movimientos sociales y poder político. Pp. 76-92. CLACSO-Siglo XXI editores, Argentina.
Revista Nueva Sociedad. Mayo-Junio 2010, N° 227 .pp. 32-45
Revista Nueva Sociedad. Julio-Agosto 2011, N° 234. Pp. 46-59










[1]  La presente ponencia fue presentada en el I Congreso Nicaragüense de Ciencias Políticas realizado en la UNAN, Managua, del 21 al 23 de septiembre de 2011.